Por Raúl Marco

El 3 de enero de 1975, moría en Ginebra Julio Álvarez del Vayo. Fue ministro de Estado de la República y Comisario General de Guerra del Ejército republicano. Posteriormente, en el exilio, participó activamente en el movimiento de lucha contra el fascismo. Viajó por todo el mundo defendiendo la causa republicana y condenando sin paliativos el régimen franquista y sus valedores internacionales.

Vayo («Adelvec», como le llamábamos nosotros, internamente), no era un revolucionario de salón, como tantos oportunistas que pululaban en el exilio. Álvarez del Vayo no dejó ni un solo día de combatir, con sus medios, (la pluma y la palabra) contra la dictadura y por la República. Participaba en mítines, en reuniones amplias de debate, se entrevistaba con personalidades políticas del mundo, para denunciar la dictadura y la represión en España.

Tanto Vayo como su esposa Luisa Graa, tenían autentico cariño por Elena Ódena, como si fuera la hija que nunca tuvieron. A través de ella tomaron contacto con el PCE (m-l), y en diferentes encuentros con dirigentes del partido, y siempre con Elena, se fue fraguando la idea de un frente amplio, que rompiera con el inmovilismo y oportunismo de otras organizaciones en el exilio (PSOE, PCE…). Se plasmó esa idea de lucha en la constitución del Comité pro Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).


Era admirable la energía que transmitía Vayo. Incansable pese a su avanzada edad, dio mítines por toda Europa, en Alemania, Francia, Italia, Suiza, ya como dirigente del FRAP, del que fue elegido presidente. Sus artículos en la prensa del FRAP, «Acción» eran entusiastas, analizaban la situación, daban salida a los problemas. En la Conferencia de proclamación del FRAP, Vayo en su discurso de clausura, abordó ampliamente la situación internacional y nacional. A título de ejemplo, dos párrafos de ese discurso:
«El FRAP (…) puede muy bien combinar dos actitudes eficaces para el desarrollo de la lucha. Una es la confianza en sí mismo, y otra una tendencia a abrir el FRAP a todos aquellos que coincidan con los principios del FRAP, pero sobre todo que coincidan con la determinación combatiente del FRAP. No basta coincidir con los principios, es necesario coincidir con la actitud combatiente.»
«…la política de reconciliación nacional no sólo es un elemento de desmoralización de la gente y de parálisis revolucionaria, sino que no tiene sentido porque la reconciliación nacional con un régimen que a los treinta y tantos años sigue practicando las mismas costumbres fascistas que a raíz de la guerra, es realmente absurdo…»
En una reunión ampliada del FRAP, semanas antes de la muerte de Vayo, este pronunció un importante discurso. Recogemos, sólo unos significativos párrafos:
Mencionando a los tres partidos principales durante la guerra, el PCE, PSOE y el Movimiento libertario: Vayo precisó: «Los tres se han ido desgastando a través de los años de la dictadura y no por el correr del tiempo, sino porque han adoptado una política de espera, de compromiso y de aguardar el milagro. En España no hay margen para el milagro, no hay más margen que para la lucha.»
El 18 de mayo, quince días después de su muerte, organizamos en Frankfurt, un homenaje, al que asistieron sus hijos Juan y Diego, una representación del Comité Permanente del FRAP, organizaciones alemanas amigas del pueblo español, etc., etc. y más de 2.000 personas. Tuve el honor de pronunciar el discurso central del homenaje, de él cito unos párrafos que, paréceme, reflejan bien la extraordinaria personalidad de Julio Álvarez del Vayo:
«Hablar de Álvarez del Vayo es hablar de combate “dadme combate”, decía él, hablar de Álvarez del Vayo es hablar de lucha, pues él era eso mismo: toda una vida de lucha y de combate sin desmayo.
[…] Con la muerte de Álvarez del Vayo el pueblo español pierde uno de sus más preeminentes y ejemplar figura. Su desaparición, constituye, una pérdida irreparable, no sólo, para nuestro pueblo, sino también para todo el movimiento progresista y antifascista del mundo. Durante toda su vida, Vayo ha sido, no sólo un símbolo, sino también un activo organizador de la acción sobre posiciones de combate, firmes y claras, contra el fascismo y contra la capitulación. Ha sido también un abanderado de la unidad de todos los auténticos republicanos y antifranquistas...[…] El espíritu internacionalista de Álvarez del Vayo, siempre le llevó a tener un vivo interés por la lucha de todos los pueblos por su liberación y contra el imperialismo. Decía Vayo, “Yo uniría a los pueblos de América latina con los de España en una forma de nuevo hispanoamericanismo no verbal, no patriotero y vacío, sino lleno de contenido revolucionario.”
Los restos de Álvarez del Vayo, de su esposa, Luisa Graa, y de su hijo Diego, están en el cementerio de Saint George de Ginebra. Esperemos que las gestiones para trasladarlos a España, no caigan en el vacío.