Por P. Recife

Pese a lo que pretendían sus asesinos, sus ideas no fueron silenciadas con la bebida letal: ácido sulfúrico y gasolina, “el cóctel de la verdad”. Cipriano Martos, fué detenido en 1973 por difundir propaganda contra el régimen franquista y su maniobra continuista en la persona de Juan Carlos. Murió asesinado tras ser obligado a beber ácido en el cuartel de la Guardia Civil de Reus. Tenía 28 años, era encofrador y comunista. Cuarenta y tres años después, aún no se sabe quién le suministró el líquido corrosivo. Ahora la juez María Servini quiere arrojar luz sobre todo lo que rodeó a los últimos días de la vida  nuestro camarada.

Nació en Huétor-Tájar (Granada) el 5 de julio de 1945, hijo de una humilde familia de jornaleros del campo que tuvo que emigrar pronto para huir de la miseria de la posguerra. Cipriano, que trabajó desde los 11 años en el campo, se fue pronto de casa: fue jornalero en Morón de la Frontera (Sevilla), minero en Teruel, empleado en fábricas textiles de Sabadell y Terrassa y, por último, encofrador en Reus. Según explicó él mismo en sus declaraciones en el auto de detención, llegó a la capital del Baix Camp «cuatro o cinco meses» antes de que sucedieran los hechos, esto es, entre marzo y abril de aquel 1973.

Ya por entonces, espoleado por la situación de precariedad, opresión y represión de la dictadura, forjó su espíritu revolucionario en la OSO (Oposición Sindical Obrera). Como comunista, militó en nuestro Partido Comunista de España (marxista- leninista) practicamente de desde su formación, y en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota).

Nuestro camarada trabajaba para la empresa Ramón Cubero, S.A. y precisamente en la ubicación de esa empresa fue donde le detuvieron. El atestado de su detención dice: «Acudió sobre las 14 horas de hoy 25 de agosto de 1973, siendo detenido y trasladado hasta este acuartelamiento de Reus para ser interrogado sobre el lanzamiento de propaganda antirrégimen». En ese punto la Guardia Civil montó «servicio de apostadero», igual que en su vivienda, que «no frecuentaba mucho». Así consta en el relato de la documentación, en este caso bajo la firma de Braulio Ramos Ferreruela, por entonces teniente de la línea de la Guardia Civil de Salou, y que en aquellos días también era el «mando accidental de la primera compañía de Reus».

En julio de 1973, un año de auge de huelgas y lucha revolucionaria en la calle contra el fascismo franquista, el FRAP realiza en todo el estado una labor de agitación en la que se incluyen centenares de pintadas de repulsa a la dictadura y contra el futuro monarca Juan Carlos impuesto por el dictador Franco: “Ni Franco, ni Rey, ni Yankis: República Popular y Federativa. FRAP”, “Abajo la monarquía del pelele Juan Carlos. FRAP”.

En ese contexto es detenido Cipriano al que se le acusaba de haber repartido «propaganda subversiva» en Igualada la noche del 10 de aquel mes de agosto. Fue detenido en el marco de una redada en Reus (y en otros puntos de la provincia como La Selva del Camp o Tarragona) que implicó a más personas, integrantes de aquel círculo de comunistas en el que Cipriano, pese a llevar sólo unos meses en la ciudad, ya se desenvolvía desarrollando su labor revolucionaria. Nombres como P. Carrilero, R. Falcón y J. López también fueron detenidos e interrogados. Ellos aparecen, junto a Martos como «elementos principales de una célula» que repartía propaganda por diversos puntos. Otros motes como ‘El de Flix’, ‘El Juan’, ‘El Lucas’ o ‘El de Morell’ también transitan por unas páginas plagadas de órdenes de registros en sus domicilios y relación del abundante material encontrado y vinculado a propaganda antifranquista y republicana.

La documentación también hace referencia al complicado estado de salud de Cipriano: tras dos días de tortura en la casa cuartel, fue obligado a ingerir el llamado ‘cóctel de la verdad’, un líquido definido en algunos documentos de la investigación como «cáustico ácido» y «ácido corrosivo», en realidad un método de tortura importado de la CIA: hacer ingerir al detenido ácido súlfurico (o salfumán) mezclado con gasolina.

Esa circunstancia trastocó por completo los hechos e incluso sus declaraciones. Aquel veneno le abrasó por dentro y fue trasladado al Hospital Sant Joan. El informe del doctor1 y el parte del centro hablan de «un pronóstico grave»: «vómitos oscuros, dolor abdominal, quemaduras de aspecto blanquecino en cara interna de labios y lengua». «No se encuentra en condiciones de declarar», añade el informe.

Aún sin recuperarse, fue trasladado de nuevo a las dependencias de la Guardia Civil. Allí continuaron los interrogatorios con violencia e incluso le fué suministrado otra dosis del líquido letal. En la documentación no aparecen los nombres de sus asesinos. El resultado es que Cipriano ya no se pudo recuperar. Estuvo luchando varios días por su vida, hasta que finalmente falleció en el Hospital Sant Joan, a la edad de 28 años. Murió sin delatar a ninguno de sus compañeros y camaradas, como un auténtico comunista.

Según su certificado de defunción2, la causa de la muerte fue el clásico «hemorragia interna». Su muerte dejó a unos padres y hermanos destrozados que no pudieron despedirse de él. Su madre y su hermano intentaron verlo en el hospital, pero se lo impidieron los guardias civiles, que les amenazaron con brutalidad y violencia. La madre de Cipriano, de rodillas y llorando, suplicó una y otra vez por su hijo, pero solo recibió puntapiés e insultos.

Cipriano fue enterrado en una fosa común en el Cementerio General de Reus el 20 de septiembre de 1973. Lo sepultaron sin la presencia de sus seres queridos y en un total secretismo. «Fue una forma de silenciar su caso», explica la investigadora María José Bernete. Su cuerpo continúa en el cementerio de Reus. Allí, nuestro Partido le erigió una losa de mármol. Allí ha ido a visitarle su hermano Antonio en varias ocasiones, en actos de homenaje y denuncia, siempre con la intención de que se haga justicia y reparación. Los juzgados de Argentina tendrán la próxima palabra para saber cómo murió Cipriano Martos, el sindicalista granadino que encontró en Reus su último destino y que es ya un icono de la lucha por las libertades y de la militancia comunista.

 

1 El doctor Eduard Prats Alonso, una eminencia médica en Reus, no recuerda ahora haber atendido en el Hospital Sant Joan a Cipriano Martos por las heridas que le provocó el ácido que le obligaron a ingerir: «Pacientes así habré atendido a cuatro o cinco pero no puedo aportar nada más. Yo le debí atender, sí, pero la visión del profesional hace abstracción del hecho político. Tienes un paciente que ha ingerido eso y le prestas la atención necesaria, sin pensar en el hecho social o político. Yo aún no era especialista en digestivo. Debía estar haciendo alguna sustitución», recordaba 41 años después de la muerte de Cipriano, justo cuando se supo que la justicia argentina investigaría aquel asesinato aún por aclarar.

2 Prueba de la nebulosa que envolvió los hechos es otra declaración, en este caso la de Octavio Chiapella, el forense que le practicó la autopsia y que dijo no recordar circunstancias especiales en aquel proceso. «Ha pasado mucho tiempo, ya no me dedico a hacer autopsias», declaró.