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Este 1 de mayo se celebra en una coyuntura muy dura para nuestra clase. A pesar de la constante propaganda sobre la salida de la crisis, la situación de los trabajadores españoles es hoy peor que en 2.008 cuando comenzó ésta. La tasa de paro a finales del año pasado llegaba al 14,145% y el empleo temporal superaba el 27%. Estos datos son aún más alarmantes entre los sectores más desprotegidos de nuestra clase: jóvenes, mujeres., inmigrantes y mayores de 50 años, condenados a una constante rotación entre paro y empleo mal pagado y sin derechos; y en Comunidades como Andalucía y Extremadura, en las que el paro supera el 20%.

Cada vez más trabajadores sufren un aumento brutal de la explotación en su empresa, en sectores desregulados, con insuficiente protección legal frente al patrón y sin protección sindical; otros muchos figuran como autónomos cuando en realidad trabajan asalariados en condiciones de semi-esclavitud al servicio de plataformas digitales de intermediación con jornadas de 10 y más horas diarias y salarios de miseria; otros miles trabajan en tareas de asistencia en el hogar la mayoría de las veces para grandes empresas que monopolizan la prestación de servicios públicos, o son esclavizados en cadenas de subcontratación que sirven a grandes empresas, con condiciones de trabajo miserables.

En España, más del 82% de las empresas tienen como máximo dos empleados que, por lo tanto, no tienen reconocidos los derechos de representación sindical previstos en el Estatuto de los Trabajadores. Y son precisamente estos sectores que enfrentan la presión de la patronal en las peores condiciones o figuran como «emprendedores» cuando en realidad hacen frente solos a unas condiciones de competitividad abusivas frente a las grandes empresas, los que tienen una menor representación en los sindicatos.

Paso a paso continúa la política de desindustrialización y desregulación laboral y los ataques a los derechos conquistados por nuestra clase tras duras luchas son cada vez más salvajes. Con la excusa de la crisis asistimos a una constante marcha atrás hacia condiciones de trabajo propias del capitalismo descarnado, mientras los dirigentes sindicales se limitan la mayor parte de las veces a defender sus intereses corporativos, permanentemente enredados en peleas internas cuyo único fin es el de mantener el control del aparato.

Y no cabe esperar una mejora en esta situación: a la inminencia de una nueva crisis capitalista aún más dura, se une las demandas de la gran patronal española, enriquecida durante la crisis a costa de los trabajadores, y que apuesta ahora por nuevos recortes. Sus dirigentes hablan de bajar a 18 días la indemnización por despido, ir más allá de los 67 años en la edad de jubilación y recortar aún más los impuestos a los empresarios, entre otras medidas. En el mismo sentido apuntan los «consejos» de las distintas instancias del capital imperialista (UE, OCDE y FMI) y aún más allá quiere ir la derecha fascistoide: PP, Ciudadanos y Vox.

El capital y las fuerzas políticas que lo sostienen y que no han dudado en recurrir a ayudas públicas por valor de miles de millones de euros para salvar los negocios de las grandes empresas y entidades financieras, dirigen sus ataques al sistema público de pensiones, ya prácticamente fuera del alcance de los jóvenes trabajadores. Buscan generalizar los fondos privados y endurecer las condiciones de jubilación, con el argumento de que son insostenibles, cuando no acabar con ella, como acaba de anunciar Vox.

De ahí la importancia de reforzar las organizaciones sindicales para unir toda la fuerza de nuestra clase contra el enemigo común: el capital. Dentro de los sindicatos comienza a articularse una oposición incipiente para encarar el problema, formada por sindicalistas conscientes de que dispersa y desorganizada, la clase obrera tiene la partida perdida frente a un Estado dispuesto a liquidar los derechos que protegen a la mayoría social. Esta oposición de clase es clave para combatir el corporativismo que paraliza el movimiento sindical y recuperarlo para los trabajadores, clave en la defensa de sus intereses generales en una coyuntura de aguda lucha de clases.

Ajena a los problemas de la mayoría social, la derecha reaccionaria azuza campañas propias del viejo españolismo joseantoniano, que dejan claro que la división de poderes no es más que un sarcasmo en el reino de Felipe VI. Cargos públicos elegidos por el pueblo catalán se enfrentan, tras más de un año en prisión, a un juicio político en el que se les pide penas desproporcionadas por el ejercicio de un derecho democrático como el de Autodeterminación. Acabamos de celebrar hace tres días unas elecciones generales anticipadas, precedidas de un auténtico circo mediático de promesas, ocurrencias y charlotadas de la mayoría de candidatos. Y pronto veremos que nada sustancial va a cambiar en este proceso de crisis económica y política y descomposición social que arrastra el régimen monárquico.

Por su parte, frente a los cada vez más agudos problemas que enfrenta nuestra clase, la izquierda institucional únicamente esgrime buenas palabras, promesas de reforma que son irrealizables sin un cambio de raíz en la estructura política del régimen.

Las necesidades de la oligarquía en una coyuntura de profunda crisis capitalista, la empujan a eliminar uno a uno las cesiones que hizo en su día. Por esa razón, para evitar el rumbo hacia atrás de nuestros derechos se requiere en el ámbito político que el campo popular y progresista una sus fuerzas en torno a un programa de ruptura del pacto con la derecha franquista que está detrás del régimen surgido de la transición monárquica, un régimen que ha mantenido en manos de la oligarquía el control de las instituciones y poderes del estado.

Este Primero de Mayo, la clase trabajadora tiene ante sí la tarea de avanzar hacia la Unidad Popular contra el gran capital y su régimen político, la urgencia de agruparse y reforzar la unidad de clase.

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

¡UNIDAD POPULAR CONTRA EL CAPITAL!

¡POR LA REPÚBLICA POPULAR Y FEDERATIVA!

¡POR EL SOCIALISMO!

1 de mayo de 2019