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Se acaba de reunir el Pleno Ampliado del Comité Central del PCE (m-l) para definir el trabajo político de los próximos meses y dar inicio al proceso de debate que conducirá a la celebración de nuestro IX Congreso (el cuarto desde la reconstrucción del Partido).

El período que se abre ante nosotros está marcado por la crudeza de unos indicadores económicos que anuncian una nueva crisis, sin que se haya superado todavía la de 2008. Una crisis que se prevé más grave, por cuanto las economías capitalistas no disponen ya de los instrumentos con los que la ortodoxia burguesa permite encarar la recesión, dada la enormidad de la deuda global, los ya bajísimos intereses y las dificultades que atraviesa la gran banca europea.

Esta situación económica se ve acompañada de un reajuste de las esferas de influencia entre las potencias imperialistas, que está produciendo cambios cada vez más acelerados. El incremento de la agresividad económica, seguida por la de carácter político y, finalmente, militar, es patente en Latinoamérica, pero el conflicto se extiende asimismo a Asia y África.

En este contexto, crece el fascismo, con el agravante, en el caso español, de que aquí nunca se rompió con él y de que se halla íntimamente vinculado a la fragilidad de una estructura económica definida durante las décadas del desarrollismo franquista y de posterior desindustrialización. Una economía que se caracteriza por la internacionalización del gran capital español, la inestabilidad de las pyme y microempresas y el predominio de unos servicios basados en la superexplotación de la fuerza de trabajo. Esta realidad, que constituye un campo abonado para el populismo, obliga a un cambio de raíz en la estructura política para hacer posibles cambios significativos en lo económico.

En consecuencia, se dan unas evidentes condiciones objetivas para la intervención política de los comunistas y para el trabajo unitario desde la izquierda, si bien hay también importantes obstáculos de carácter tanto objetivo como subjetivo. Es urgente, pues, formar cuadros, tanto en el aspecto teórico como en el práctico, que puedan desarrollar la iniciativa política que la situación requiere del Partido y de su Juventud.

Con este mismo objetivo, y dado que nos hallamos en año de Congreso, será preciso debatir en profundidad multitud de cuestiones que nos permitan afinar nuestra táctica y reforzar nuestra organización y la intervención del Partido entre las masas. Y será necesario, asimismo, salir del proceso congresual con una dirección renovada y rejuvenecida, capaz de hacer frente a los cambios que se avecinan y de desarrollar, con confianza y firmeza, los cambios radicales que la situación va a requerir, en medio de una tendencia internacional hacia la confrontación.

Con ese doble horizonte, el Comité Central del PCE (m-l) ha aprobado los documentos que serán sometidos a debate en las organizaciones del Partido y de la Juventud, a cuyas discusiones se deberá procurar incorporar a los entornos respectivos. En esta misma perspectiva, además, el Comité Central ha propuesto la entrada en el Partido de un grupo de camaradas de la JCE (m-l), como militantes de pleno derecho: se trata de iniciar un proceso dirigido a seleccionar a los jóvenes más destacados en los distintos territorios, para incorporarlos al trabajo partidario con todos los derechos y deberes.

Finalmente, a partir de los debates llevados a cabo durante el fin de semana, el Comité Central ha aprobado una resolución que fija la posición de nuestro Partido sobre las próximas elecciones.

Madrid, 24 de marzo de 2019