Los días 17 y 18 de noviembre se ha celebrado en Madrid la Conferencia del Movimiento Obrero y Sindical del PCE (m-l). A lo largo de las últimas semanas se ha venido debatiendo en las diversas organizaciones del Partido y de la Juventud el Informe Presentado por el Comité Central que ha servido de base a los trabajos de la Conferencia.

Tras rebatir algunas de las principales desviaciones teóricas propagadas por la burguesía, que vienen a negar el papel político del proletariado y la lucha de clases para, a renglón seguido, remarcar la propia necesidad de organizaciones independientes que agrupen a los trabajadores en la lucha por sus derechos inmediatos en la perspectiva de una pelea general por la superación revolucionaria del capitalismo, el informe plantea el papel trascendental de la organización sindical como primer estadio del combate de los trabajadores por sus derechos sociales y laborales, que contribuye a su organización y disciplina entrenando a nuestra clase para tareas más elevadas de la lucha política por su emancipación.

La confusión que tanto el reformismo como algunas fuerzas doctrinarias extienden sobre el papel del sindicato y del partido contribuye a debilitar la fuerza organizada del proletariado en la defensa de sus intereses concretos en momentos de ofensiva contra ellos, al tiempo que niega o silencia la responsabilidad de la organización comunista en la orientación y dirección de la lucha de nuestra clase por su emancipación.

Para terminar, el informe plantea algunas de las tareas que los comunistas debemos acometer con urgencia para afrontar la situación. Asistimos a un proceso de constante degradación de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, acompañado por el debilitamiento de las estructuras que pueden permitir su reagrupamiento para la lucha por sus derechos sociales, laborales y políticos, hoy constantemente puestos en cuestión por el imperialismo.

Existe un acuerdo general entre las fuerzas de la burguesía, no solo de la derecha sino también de aquellas que se amparan en una pretendida ideología progresista, en atacar, por “caduca”, la organización sindical. En su lugar, se propugnan formas de lucha dispersas, que no solo impiden o dificultan la participación de los trabajadores en las decisiones que les incumben, sino que contribuyen a su dispersión, agravando la ya provocada por la profunda crisis económica del capitalismo, y les desarma en la pelea política por el reconocimiento de los derechos y libertades sociales y laborales.

Sin embargo, y a pesar de todo, las organizaciones sindicales siguen siendo las que agrupan al grueso de nuestra clase, lo que les convierte en un instrumento formidable para la lucha. No obstante, se puede constatar que el aparato sindical está copado por sectores de la aristocracia obrera, que lo utilizan con una perspectiva abiertamente corporativa en la defensa de sus limitados intereses gremiales al margen, las más de las veces, de los intereses generales de los trabajadores como clase.

La proliferación de trabajo desregulado, las salvajes cotas de paro y de precarización, la práctica ausencia de referencias ideológicas y políticas independientes, dificultan la organización de amplísimos sectores del proletariado, particularmente de aquellos más golpeados por la ofensiva del capital (mujeres, jóvenes, inmigrantes, etc.), al extender el miedo y el desánimo y al facilitar, en ocasiones, el conformismo.

Por eso, la Conferencia de Movimiento Obrero y Sindical del PCE (m-l) ha acordado llevar a la práctica una serie de medidas encaminadas a reforzar el trabajo de los comunistas en el movimiento obrero, fomentando la organización en los sindicatos de clase y la existencia y consolidación de estructuras estables de coordinación y unidad en torno a las reivindicaciones concretas de los trabajadores; facilitar la formación sindical y el conocimiento de los problemas laborales en el ámbito de intervención de nuestras organizaciones y militantes; y propiciar la conexión del movimiento sindical con las organizaciones estudiantiles, vecinales, etc., para afrontar aquellos problemas no estrictamente laborales que afectan directamente a la vida de los trabajadores y sus familias: sanidad, educación, vivienda, transporte, etc.

El surgimiento del movimiento sindical en los albores de la industrialización capitalista, la larga y dura lucha que a través de generaciones ha llevado nuestra clase para conquistar muchos de los derechos que hoy están en la picota, muestran que la organización independiente de la clase obrera es determinante para avanzar y para mantener los avances conquistados. La clase obrera necesita instrumentos adecuados para luchar, y no podemos permitir que la rueda de la historia marche hacia atrás, a los tiempos en los que la vida de un trabajador era una mercancía más en manos del patrón, que disponía de ella libremente sin sujeción a limitación alguna.

Por encima de divisiones, las más de las veces artificiales, fruto de concepciones ajenas a nuestra clase, hoy, más que nunca, es imprescindible que los trabajadores refuercen su unidad, su coordinación y su organización para hacer frente, juntos, a los retos del futuro. Y, en esa tarea, los comunistas seremos los primeros en dar ejemplo.

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

¡ADELANTE LA UNIDAD DE CLASE FRENTE AL CAPITAL!