La principal apuesta de estas elecciones era sobre quién estaría en cabeza de un escrutinio que se decidía en una sola vuelta: el partido de Macron, la República en Marcha (LRM) aliada a Modem (partido de centroderecha, aliado desde el principio con Macron) o la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen. Esas apuestas «europeas» servían a la confrontación. La participación de un 50,7% ha aumentado (más de 7 puntos en relación al récord de abstenciones de 2014), mas eso está ligado al conjunto nacional y no únicamente a un incremento de adhesión de las capas populares a la construcción europea, por la UE, su parlamento y su plétora de diputados. Es en los medios populares donde la abstención ha sido la más fuerte.

Este «duelo» buscado por los dos protagonistas, ha estado en buena parte orquestado por Macron. Desde ese punto de vista, ha sufrido un revés: no sólo su lista no ha salido en cabeza, sino que su resultado comparado al de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, no ha aumentado. Macron aparece cada vez más como un candidato de la derecha que ha ganado una parte de la base electoral de la derecha que no se identifica con la línea de Wauquiez. El fracaso de la lista LR (Los Republicanos, partido de Sarkozy y la derecha tradicional), conducida por el archiderechista Bellamy (que multiplicó sus declaraciones reaccionarias los últimos días de campaña), lo confirma.

La lista de RN ha obtenido el 23,3% de los votos, lo que es evidentemente preocupante. Ha recogido muchos votos en sectores cercanos a los «chalecos amarillos». Es en esas zonas y regiones donde RN ha obtenido los mejores resultados y también donde la movilización electoral ha sido la más fuerte. Esa lista ha recogido también la mayoría de votos de las distintas expresiones de la extrema derecha y de la reacción, que han podido, a través de varios candidatos, mostrar su odio hacia los inmigrantes, los musulmanes, etc. Esos candidatos han actuado como portavoces de las tesis de M. Le Pen que ha preferido no ser ella quien las plantease.

La corriente política que puede hablar de victoria incontestablemente es EELV (Europa Ecologista Los Verdes), que ha logrado un gran resultado. El movimiento contestatario de una parte de la juventud, que seguía movilizado con marchas «por el clima» en vísperas de las elecciones en numerosos países de la UE, ha contribuido en buena medida a los importantes resultados de los partidos ecologistas. Todos los partidos han tratado de captar los votos de ese movimiento «verdeando» sus programas. Son partidos o movimientos que se movilizan principalmente, desde hace tiempo, sobre esos problemas que han surgido concretamente a nivel europeo. Macron ha tratado groseramente de birlar votos a EELV al anunciar, en vísperas de las elecciones, pseudomedidas a favor de proteger el medio ambiente: pero ha fracasado dada la diferencia entre algunos de sus propósitos y la realidad de su política al servicio de los monopolios de los negocios agrarios, de la química farmacéutica y del problema nuclear.

El Partido Socialista ha “salvado la cara”, al rebasar la línea del 5%, lo que le ha permitido lograr miembros para el Parlamento Europeo. Su principal argumento durante la campaña era el de no desaparecer del hemiciclo de Estrasburgo, hacer olvidar los años en los que apoyaba al grupo socialista europeo (PSE) y su política de alianza con la derecha del PPE (Partido Popular Europeo), para codirigir las instancias europeas al servicio de los monopolios. Empero no será con algunos diputados europeos lo que le va a librar de la espiral de la marginación.

Francia Insumisa (FI) ha llevado a cabo una activa campaña con la pretensión de lograr un resultado similar al obtenido por JL. Mélenchon en la primera vuelta de las presidenciales. Muy activos en el apoyo a los «chalecos amarillos», han tratado hasta el fin de presentarse como el único voto «útil», reivindicando el liderazgo de la oposición de izquierda contra Macron. Mas el resultado obtenido, aunque no despreciable, no permite a FI hacerse con ese liderazgo.

No nos alegramos de que el Partido Comunista de Francia (PCF) no haya logrado el 3% que le hubiera permitido, al menos, recuperar el dinero invertido en su campaña. Dicho esto, su campaña a favor de «otra Europa», no llega, ni es creíble, a los sectores populares. Lo cual es valedero también para las otras fuerzas que se aferran a esa idea.

Como conclusión:

La campaña ha estado centrada en temas falsos, que dividen, como «nacionalismo contra progresismo», lo que ha favorecido a la reacción contra la inmigración, para tener más «seguridad», más «control», etc.

La campaña ha servido a Macron para reducir todo el debate político a un enfrentamiento entre su corriente y el RN de M. Le Pen. La mayoría de los obreros, de los trabajadores, de las mujeres, de los jóvenes, no se identifican con ese enfrentamiento. Si la derechización de las fuerzas políticas, en sus discursos y sus posiciones, es una realidad, si el nivel de influencia de RN y cía. es inquietante, nosotros estamos en contra de todas esas tesis que tratan de convencernos de que la reacción es hegemónica en los medios obreros y populares: si más de cinco millones de votos han ido a RN, eso también significa que la gran mayoría no ha seguido esa opción.

Los intereses obreros y populares, que son las primeras víctimas de la política neoliberal de los gobiernos y de la UE, han estado ausentes de esta campaña. Y tampoco estarán representados en el parlamento europeo.

París, 27 de mayo de 2019

Comité Central del Partido Comunista de los Obreros de Francia.