FRANCIA: Se constituye la Unión de Jóvenes Revolucionarios (UJR)

febrero 27, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

Conscientes de que el sistema capitalista imperialista nunca ha obtenido tanta riqueza de la explotación del trabajo humano, que jamás ha saqueado, derrochado, destruido y contaminado tanto,

Conscientes de la urgencia de rechazar radicalmente este orden criminal que, en todo el mundo, somete las opciones políticas, económicas y sociales a los intereses de la oligarquía, cada vez más rica, egoísta y arrogante,

Conscientes de que la juventud, con su capacidad de protesta y de rebelión, con su espíritu crítico y su dinamismo, debe comprometerse junto a la clase obrera y el pueblo, para derrocar este sistema,

Nosotros, jóvenes, estudiantes, aprendices, trabajadores con o sin papeles, precarios, parados… reunidos este 26 de febrero de 2012, nos comprometemos en la lucha por la revolución mediante la constitución de la UJR, organización de jóvenes con carácter popular, revolucionario e internacionalista, ligados al PCOF.

La juventud popular es la capa de la juventud que más duramente sufre los horrores de este sistema. Luchamos por los derechos de la juventud de acceder a condiciones de vida dignas y apoyamos a los jóvenes que desde Túnez a Madrid, de Saint Denis a Dakar, así como los de otros países en todos los continentes, se levantan contra la explotación, la represión, la opresión.

Llamamos a unirse a nosotros a todos los jóvenes que se rebelan contra este sistema y están dispuestos a luchar para defender los intereses de la juventud popular.

 

UJR. Primer Congreso

Febrero de 2012

En apoyo a las luchas estudiantiles en Valencia ¡Basta de represión!

febrero 21, 2012 por  
Publicado en: Noticias

Una militante de la JCE(m-l) ha sido detenida en las protestas y finalmente puesta en libertad sin cargos.

http://www.youtube.com/watch?v=M11UsIr6q-8

El detonante ha sido, esta vez, los hechos acaecidos en el IES Luis Vives de Valencia. Como cada miércoles los estudiantes se concentraron en su centro para protestar contra los recortes educativos llegando a cortar el tráfico y la policía nacional cargó contra ellos a pesar de que la mayoría son menores de edad.

Al siguiente día, Jueves 16 de Febrero, se convocó una manifestación estudiantil tras la cual los estudiantes decidieron seguir la protesta dirigiéndose hacia el instituto IES Luis Vives para apoyar a sus compañeros y animarlos a sumarse. Fue cuestión de minutos que los compañeros saliesen a la calle y también que se desplegaran las tropas de la policía nacional.Los rodearon como si fuesen delincuentes y arremetieron contra ellos, les dio igual si lo que se encontraban delante suya era un menor de edad o una anciana. Era la hora de callar voces

Durante toda la mañana se contabilizaron unos seis detenidos que fueron trasladados a la Jefatura de la Policía Nacional donde acudieron más tarde el resto de manifestantes para mostrar su apoyo. Una vez allí, la policía volvio a  cargar  y al cabo de algunas horas soltaron a una de las detenidas permaneciendo detenidos los otros cinco compañeros.

Ayer, viernes 17 de Febrero los estudiantes valencianos volvieron a salir a la calle en defensa de la educación pública, contra los recortes y en solidaridad con sus compañeros detenidos y agredidos en el transcurso de las protestas estudiantiles de esta semana. Como era de esperar la policía siguió cargando contra los manifestantes que se encontraban en concentración pacífica en la puerta del instituto Luis Vives. Posteriormente, los estudiantes decidieron iniciar una marcha que los llevó frente a la comisaría de Zapadores para continuar apoyando a los detenidos del día anterior y allí los antidisturbios salieron en masa acorralando a los estudiantes.

Frente a la Comisaría se encontraban los estudiantes, junto a profesores y prensa, completamente rodeados de un cordón policial sin posible escapatoria pues los antidisturbios cerraban el paso. La policía decidió cargar varias veces contra los retenidos, llevándose a comisaría a algunos de nuestros compañeros entre ellos una militante de la JCE(m-l) que ha sido puesta en libertad sin cargos. 

Durante estas movilizaciones, la actuación de la policía nacional a la orden de la Delegación de Gobierno ha sido desproporcionada, actuando de forma violenta y sin mediar provocación por parte de los manifestantes. Estos hechos muestran que en este régimen si la protesta rebasa ciertos limites, impuestos por la clase dominante, no solo no es permitida sino que se intenta eliminar a toda costa. Estudiantes, profesores y padres y madres defendiendo la educación publica, luchando contra los recortes, sin miedo de las agresiones policiales son un peligro para el sistema capitalista. Pero para nosotros, los jóvenes y los trabajadores ,son un soplo de aire fresco, de dignidad, de rebeldía y de lucha que debemos preservar y alentar. 

El mejor ejemplo de la actuación desproporcionada de las fuerzas de (des)orden posiblemente sea el comentario que dirigió un anti disturbio a un alumna “¡no tienes cuerpo ni de puta!” que muestra a las claras el clima que muchas compañeras han tenido que soportar estos días.

Consideramos que los hechos acaecidos en Valencia nos deben hacer reflexionar. Nunca como ahora podemos comprender el papel del Estado y sus instituciones represivas en contra de la mayoría de la población y sus reivindicaciones,. Nunca como ahora podemos apreciar el valor de la unidad y de la defensa de nuestros derechos frente a la autentica guerra de clases desatada por la oligarquía empresarial y financiera contra la mayoría del pueblo. Nunca como ahora se presenta tan urgente la necesidad de superar la monarquía y el capitalismo que nos garantizan un futuro de miseria y represión.

En definitiva, nunca como hasta ahora fue tan importante poner los objetivos al frente de las movilizaciones y no cejar hasta conquistar nuestro futuro. ¡Porque el futuro es nuestro!

Por todo ello exigimos:

 

  • la depuración de responsabilidades tanto de los mandos policiales que ordenaron las cargas y las detenciones como a los anti disturbios que las ejecutaron.
  • la retirada de cargos de los compañeros que han sido detenidos y la retirada de los expedientes sancionadores a los alumnos del Luis Vives.
  • la depuración de responsabilidades políticas por la actuación desproporcionada y violenta de la policía. ¡Delegada del Gobierno dimisión!

¡TODOS JUNTOS CONTRA EL CAPITAL!

Secretariado del Comite Estatal de la Juventud Comunista de España (marxista-leninista)

18 de Febrero de 2012
JUVENTUD COMUNISTA DE ESPAÑA (marxista-leninista)
JCE (m-l)
Si el porvenir pertenece a la juventud, esta tiene el deber de luchar sin descanso por él

EL CLAMOR DE LA CALLE

febrero 20, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

Las calles de 57 ciudades españolas han sido un clamor contra el Gobierno y su Reforma Laboral, contra la chulería y descaro de ministros, empresarios y banqueros satisfechos con los recortes que amenazan el futuro de miles de familias. Cientos de miles de trabajadores, en Madrid (más de 500.000), Barcelona (más de 400.000), Valencia, Sevilla, etc. han tomado las calles contra la tiranía coronada de los mercados y del capital.

El miedo de Toxo y Méndez les llevó a no asumir claramente su responsabilidad cuando conocieron la brutalidad del texto aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 10 de febrero y publicado en el BOE el día siguiente. Entonces dijeron que la contundencia de la respuesta sindical dependería de la respuesta de los trabajadores en estas movilizaciones.

Pues bien, ya conocen la respuesta de nuestra clase: los trabajadores reclaman la lucha abierta contra el Gobierno. Y hay disposición para ello: la inagotable marea verde de la enseñanza madrileña, y las movilizaciones de enseñantes, sanitarios y usuarios de lo público en diversas comunidades, han tenido continuidad en una jornada en la que el clamor de la calle ha sido unánime.

A pesar de las provocaciones del Gobierno central y de los autonómicos (en Madrid, por ejemplo, la frecuencia de los trenes era la de un fin de semana normal, lo que ha dificultado la asistencia de los ciudadanos; nada que ver con la cobertura y los medios puestos a disposición de los participantes en la última visita del rey de la Iglesia Católica); a pesar del silencio de sus medios de propaganda; a pesar de las dudas y titubeos de los principales dirigentes de los dos grandes sindicatos de masas, nuestra clase ha sabido estar, de nuevo, a la altura de las circunstancias.

El enemigo de clase ha encontrado respuesta a su desafío, pero esa respuesta debe organizarse para que sea efectiva. Toxo y Méndez siguen dominados por un miedo irracional a ser superados, si el proletariado pasa a la ofensiva en la lucha de clases. Pero no puede haber dudas, porque la rendición supondría una derrota de dimensiones históricas.

Hoy, quizá es pronto para la Huelga General, pero hay que crear las condiciones para ella: las movilizaciones deben tener continuidad e ir ganando en intensidad. El miedo al despido de los trabajadores de las pymes, la sensación de debilidad que provoca la dispersión, la dificultad de vencer las inercias y miedos, no pueden ser obstáculo para comenzar en todas partes a organizar asambleas, encuentros, actos de rechazo, que impliquen a las masas y logren superar la sensación de aislamiento de cada una de las luchas y transformarla en confianza en la fuerza imparable del movimiento obrero.

Debemos extender el rechazo, el odio de clase y la disposición de lucha hacia quienes sustentan el régimen de corruptos, especuladores y vividores que arropa esta tiranía coronada de los mercados y el capital.

En las próximas semanas el Gobierno va a desatar nuevos golpes, tan duros como el del pasado 10, y no debe encontrar sumisión y agotamiento. Exijamos a los dirigentes sindicales que cumplan con su obligación, organizando gradualmente las respuestas; apoyemos y reforcemos las luchas en las empresas, barrios y centros de estudio. Unámoslas en una marea común de dignidad contra el fascismo rampante de los politicastros borbónicos. Convirtamos las calles en un clamor permanente que acabe con la soberbia de los Rajoy, Aguirre, Fabra, Mas y cía. Su desprecio a la mayoría social y su cinismo deben tener un coste político.

El primer paso está dado. Organicemos la respuesta. Adelante la Huelga General.

UNIDAD POPULAR CONTRA LOS MERCADOS Y EL CAPITAL

¡ABAJO LA MONARQUÍA Y SUS LACAYOS!

¡VIVA LA REPÚBLICA POPULAR Y FEDERAL!

19 de febrero de 2012

Secretariado del CC del PCE (m-l)

Comunicado a la opinion pública internacional en contra de la candidatura del vicepresidente colombiano a dirigir la OIT

febrero 18, 2012 por  
Publicado en: Internacional

Colombia es un país con alrededor de 45 millones de habitantes, con un conflicto interno social y armado que perdura desde hace más de 5 décadas. El índice de pobreza en Colombia alcanza la aberrante cifra del 62 % ; al menos 20 millones de personas viven en la pobreza y cerca 8 millones en la indigencia.

La permanente violación a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, por parte de las fuerzas de seguridad del estado y fuerzas paramilitares, a través de medios represivos como persecuciones, detenciones arbitrarias, amenazas, masacres, las desapariciones y el desplazamiento forzado. Según informes de las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales más del 90% de las violaciones de derechos humanos son cometidos por la fuerza pública tanto por acción como por omisión.

Gracias a estas prácticas Colombia ostenta el segundo lugar en la lista de países con alto índice de desplazamiento interno más de 5 millones de personas deambulan por los cinturones de miseria de las grandes ciudades, gracias a que han sido expulsados de su territorio.

El 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos, es decir, el Poder en este país ostenta el record de masacrar sindicalistas. Los sucesivos gobiernos hacen caso omiso a las recomendaciones que tanto de las Naciones Unidas, como de las distintas organizaciones que trabajan en la defensa de derechos humanos en Colombia hacen año tras año.

El último informe de organizaciones como Human Rights Watch y la Delegación Asturiana referentes a la situación de derechos humanos en Colombia, coincide en su preocupación por la continuidad de este fenómeno. Entre 2009 y 2011 han sido asesinados 175 sindicalistas. Y la cifra no desciende ni con la presidencia de Santos, ni con la vicepresidencia de Angelino Garzón, que son fieles servidores de las oligarquías y el sistema económico imperante.

Según cifras de la CUT – Central Unitaria de Trabajadores- se han presentado más de 3 mil asesinatos desde 1986.

La impunidad sobre los hechos de violación contra los derechos humanos alcanzan una impunidad del 99%.

Por todo lo anteriormente citado; porque la candidatura del señor Angelino Garzón a presidir la OIT representa al gobierno de Colombia y no a las trabajadoras y trabajadores.

Por la difícil situación de los y las sindicalistas en Colombia, por el fallo permanente en el cumplimiento de los derechos humanos por parte del gobierno de este país. Porque sólo la oligarquía narco-paramilitar apoya este nombramiento, para lavarse la cara internacionalmente como siempre han intentado hacer.

Por el no cumplimiento de los convenios firmados con la OIT, porque un país que ostenta el primer lugar del mundo en peligrosidad para la acción sindical, NO PUEDE, NI DEBE ejercer la representación en este organismo internacional, presentándose como el candidato de los trabajadores y trabajadoras colombianas, cuando en realidad representa intereses de un régimen que no respeta los principios y estatutos de la propia OIT.

¡Por la justa resistencia y lucha de las y los trabajadores en cualquier parte del mundo!

Firman:

Askapena; Asociación Argentina Pro DDHH-Madrid; Asociación de Amistad Granada-Cuba “NicoGuillén”; Asociación Gaspar Gacía Laviana; Asociación Solidaridad Derechos Humanos Colombia; Assemblea Bolivariana de Catalunya; AST – Alternativa Sindical de los Trabajadores; Casal d’Amistat Cubanoempordanès; Club de Amigos de la Unesco – CAUM; Co.Bas; Colectivo 26 de Julio; Comisión de Trabajadores Asamblearios (CTA)- CSM; Comité de Solidaridad con la Causa Arabe; Coordinadora Estatal de Solidaridad con Cuba-Madrid; El Comité de Solidaridad con América Latina COSAL de Asturias; Euskadi-Cuba de Bergara(Gipuzkoa); Fundación Hijos del Maíz; Hegoa Instituto sobre Desarrollo y Cooperación Internacional de la Universidad del País Vasco – ANTIKAPITALISTAK; Iniciativa Comunista; Iniciativa Solidaria Internacionalista de Burgos; INTAL América Latina Bélgica; Izquierda Anticapitalista; Izquierda Unida; Joan Fernández González; La Plataforma “JUSTICIA Por Colombia” (ESPAÑA)(Iepala, Cear, Paz con Dignidad, Mundubat, Monseñor Romero, Paz y Solidaridad de CCOO, Ecologistas en Acción); La Plataforma Estatal Por La Paz y Los Derechos Humanos En Colombia (ESTADO Español: Soldepaz, Cedsala, Cear, Paz con Dignidad, Llanera Joven, Colectivo Luciano Romero, Mesa de Mujeres por la Paz., Comité Canario DDHH, Cedepaz, Bachué, Kolectiba, ACP-IAP , JxC.); Partido Cominista de los Pueblos de España – PCPE; Partido Comunista de España (marxista-leninista) – PCE(m-l); Partido Comunista de España – PCE; Plataforma Bolivariana de Solidaridad con Venezuela de Madrid; Plataforma No Mas Bases – País Vasco; Plataforma Simón Bolívar de Granada; Red Roja; Sodepaz

Habla Joaquín Pérez Becerra en vísperas de audiencia en su juicio

febrero 14, 2012 por  
Publicado en: Noticias

Desde la cárcel de La Picota en Bogotá, Joaquín Pérez Becerra ofrece declaraciones en las que describe el montaje judicial perpetrado en su contra por el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos.

 Arbitrariamente detenido y posteriormente deportado por el gobierno de Venezuela, cumple ya 10 meses en prisión. Los días 13,14 y 15 de febrero de 2012 se realizarán las audiencias previas a su juicio, en las que la fiscalía colombiana aportara falsas pruebas y testimonios amañados para acusar de terrorista al periodista de nacionalidad sueca.
Pérez Becerra narra las condiciones de su reclusión y denuncia el trasfondo político-social que se vive en Colombia, haciendo además un llamado a la solidaridad internacional para que su caso sea conocido y su situación revertida, y para que el mundo vuelque su mira sobre los 8 mil prisioneros políticos del régimen colombiano.

http://www.abpnoticias.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=1351:habla-joaqu%C3%ADn-p%C3%A9rez-becerra-en-v%C3%ADsperas-de-audiencia-en-su-juicio

DECLARACIÓN DEL SECRETARIADO DEL CC DEL PCE (m-l) SOBRE LA REFORMA LABORAL

febrero 14, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

Ayer viernes, 10 de febrero, el Consejo de Ministros aprobaba una nueva reforma laboral en un contexto de recesión económica y con 5.300.000 parados.

Esta reforma es “extremadamente agresiva” (De Guindos dixit) para los trabajadores. Facilita y abarata aún más el despido, haciéndolo casi gratis, lo que supondrá más destrucción de puestos de trabajo, más paro y profundización de la crisis. Pero sobre todo es un ataque directo contra la línea de flotación de la organización de los trabajadores, contra los sindicatos y la idea misma de sindicalismo, al garantizar que los convenios de empresa prevalezcan sobre los convenios sectoriales; eliminar la ultraactividad; permitir al empresario el descuelgue de los convenios y eliminar la exigencia de la autorización de la administración para los ERE, otorgando a la patronal todas las prerrogativas en las relaciones laborales.

Una vez más queda en evidencia quién ostenta el poder en este país: la oligarquía empresarial y financiera, quien se sirve de las instituciones y resortes del Régimen para imponer su voluntad a la inmensa mayoría de la sociedad, con trágicas consecuencias sociales. Un Régimen infectado de caciquismo y corrupción, desprestigiado cada vez más ante las masas populares, incapaz de mantener las más elementales formas democráticas y con unas estructuras heredadas del franquismo que premian a corruptos y ladrones y castigan a quien osa cuestionar al franquismo y a quienes lo perpetuaron.

Es urgente poner en marcha un proceso movilizador, en el que todas las organizaciones de izquierda deben estar implicadas, de las más vastas masas populares para hacer frente a las continuas agresiones que venimos sufriendo, preparar y fortalecer a las clases trabajadoras y acumular fuerzas para futuras batallas.

La movilización y la lucha de los sectores populares, con la clase obrera a la cabeza, es una necesidad acuciante, hasta derrocar a esta casta de especuladores, parásitos y corruptos y su régimen, que nos asfixia y pone en juego nuestra propia existencia, y por un nuevo marco político donde podamos abordar los principales problemas que aquejan a nuestra sociedad. Éste es el objetivo que debe animar a las fuerzas sociales, sindicales y políticas progresistas y de izquierda a trabajar unidos, desde la generosidad, si queremos mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y las condiciones de vida de nuestro pueblo. La lucha política debe pasar a primer plano.

¡Abajo la oligarquía financiera y su monarquía!
¡Por la República democrática popular y federal!

Madrid, 11 de febrero de 2012
Secretariado del Comité Central del PCE (m-l)

Informe aprobado por el Pleno del Comité Central del PCE (m-l) [extractos]

febrero 14, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

La evolución de la situación política se ha acelerado. De los «brotes verdes» se ha pasado a la constatación de una nueva recesión que puede ser aún más profunda que la de hace apenas cuatro años.
Las causas que están detrás de esta crisis debemos buscarlas en las tendencias y leyes que son propias del modo de producción capitalista, que propende hacia la especulación y la anarquía productiva. Marx ya advertía en El Capital: «La razón última de todas las crisis reales es la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad».
Por otro lado, en un modo de producción cuya ley fundamental es la del máximo beneficio, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia del capital actúa de un modo implacable, derivando la inversión de los capitalistas hacia la especulación y provocando crisis de sobreproducción que, en esta ocasión, ha alcanzado unas proporciones desconocidas con anterioridad.
Carlos Marx preveía en su obra, El Capital, que el sistema de crédito desarrollaría «los resortes de la producción capitalista, el enriquecimiento a través del trabajo ajeno, hasta convertirlos en el más puro y colosal sistema de juego y especulación, reduciendo cada vez más el número de los pocos que explotan la riqueza social».
Esta tendencia puede ser retrasada o atemperada momentáneamente, según cuál sea la política que apliquen los Estados, pero, como señalara certeramente Lenin, la política no impide la aplicación final de las leyes de la economía. Paul Sweezy, un economista de la corriente marxista en EEUU, ya apuntaba en 1994 que las finanzas se independizaban del ciclo de producción capitalista, constituyéndose en un sector independiente que atraía la inversión de los capitalistas tanto más cuanto disminuían los incentivos para la expansión de la industria privada:
«En los viejos tiempos se trataba a las finanzas como el ayudante modesto de la producción […] en contraste, lo que ha ocurrido en los últimos años es el crecimiento de un sector financiero relativamente independiente, no en un periodo de sobrecalentamiento, sino, por el contrario, en un periodo con un alto nivel de estancamiento […] la industria privada es rentable pero carece de incentivos para su expansión, de ahí el estancamiento de la inversión real privada. Pero mientras a las grandes empresas y a sus accionistas les vaya bien y […] estén dispuestos a expandir su capital, verterán dinero en los mercados financieros […] un progreso como tal comenzó en los setenta y despegó realmente en los ochenta. A finales de la década, la vieja estructura de la economía, que consistía en un sistema productivo asistido por un modesto adjunto financiero, había dado paso a una nueva estructura en la que un sector financiero muy expandido había conseguido un alto grado de independencia y se había asentado encima del sistema productivo subyacente. Esto es en esencia lo que tenemos ahora».
Esta tendencia se ha ido desarrollando paulatinamente, hasta llegar a la época actual en la que, como señalaran en 2008 los economistas J. Bellamy Foster y F. Magdoff,
«para la débil economía subyacente de hoy en día no hay estímulo de deuda suficiente […] el capital monopolista financiero actual tiende a volverse adicto a la deuda: la necesita cada vez más únicamente para mantener el motor en funcionamiento […] el problema real está en otro lugar: en todo el sistema de explotación de clases, tan arraigado en la producción […] la financiarización [es decir, la tendencia del capital a derivar sus inversiones hacia la especulación financiera] es simplemente una forma de compensación por la enfermedad subyacente que afecta a la acumulación capitalista […] la verdadera barrera del capital es el mismo capital» [J.B. Foster y F. Magdoff, La gran crisis financiera].
Como ya advertíamos en nuestro documento sobre la crisis capitalista, publicado en noviembre de 2008, la tendencia de la economía capitalista apuntaba hacia una profundización de la crisis de crédito y el refuerzo del capital financiero con las consecuencias que ello traería de una mayor debilidad de la economía real y el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de las clases trabajadoras. El tiempo nos ha dado plenamente la razón.
En ese documento señalábamos también:
«Hoy, el capital se encuentra acuciado por un mercado saturado, internacionalizado al máximo, en el que crece la competencia entre capitalistas, forzándoles a mejorar su posición abaratando costes por la vía de concentrar sus fuerzas, destruir empleo y apoyarse en el Estado para desequilibrar en su provecho las re¬laciones laborales. Cuenta con importantes aliados para llevar a cabo sus planes: además de las diferentes fuerzas políticas que defienden sus intereses, los dirigentes oportunistas de los principales sindicatos, pasados desde hace mucho al campo de la burguesía; la dispersión ideológica y la pugna entre los propios trabajadores (fijos-eventuales, nacionales-inmigrantes, parados-activos, etc.), fomentada por la presión del capital y la debilidad de los instrumentos organizados: sindicatos y corrientes sindicales de clase y, parti¬cularmente, de las fuerzas de izquierda revolucionarias».
En el terreno internacional, la profunda crisis económica está acrecentando las tensiones entre las potencias imperialistas, las que aspiran a serlo y los países «subdesarrollados», cuya burguesía local intenta reorientar sus fidelidades con tal o cual potencia, cambiando de alianzas. Para enfrentar la crisis, el mundo capitalista vive inmerso en una profunda contradicción entre agrupar fuerzas para liberalizar sus mercados, intentando formar bloques regionales, y blindar sus economías, con medidas proteccionistas.
Se pueden establecer, no obstante, algunos criterios de definición de la actual crisis imperialista. Estos son algunos de ellos:
•    En primer lugar, como decimos más arriba, la crisis a la que asistimos no es una crisis de deuda, aunque ahora se exprese en esos términos. Esta, como las crisis precedentes, es el producto del capitalismo, cuya ley fundamental (la ley del máximo beneficio) actúa inexorablemente provocando periódicamente crisis de sobreproducción; crisis que, como indicaba Marx, sólo son superadas mediante la destrucción masiva de fuerzas productivas («Al contrario que los generales que ganan guerras reclutando ejércitos, los capitanes de la industria ganan sus guerras licenciando ejércitos») y la concentración del capital.
•    En contra de lo que predican reformistas y social-liberales, el problema, por tanto, no es que la economía falle porque no está gobernada por «la política». Y es que, insistimos, como certeramente recordara Lenin a quienes consideran que es posible controlar el capitalismo y volver al “capitalismo bueno”, de libre competencia, etc.: «La economía no puede ser prohibida con ninguna medida política».
Es decir, no se trata de que el problema sea que se ha renunciado al control de la economía capitalista por el Estado y por tanto no se adoptan medidas políticas para sujetar la actividad del sector financiero, sino que la política no puede cambiar las leyes económicas: puede retrasar su plena aplicación o atenuarla temporalmente, pero no excluirla.
Este es el debate que a corto o medio plazo se va a poner sobre el tapete: la discusión sobre qué es el capitalismo, sus leyes y tendencias dominantes y qué significa el socialismo.
Por otra parte, no existe política en abstracto: la que están aplicando los Gobiernos imperialistas es la única que interesa a la clase que controla los resortes de los Estados: la oligarquía empresarial y financiera, íntimamente ligadas entre sí en la etapa de mayor desarrollo del capitalismo.
Por lo tanto, aunque cabe desarrollar una política más social y antioligárquica, solo superando el capitalismo se puede poner fin a la anarquía productiva y dirigir el desarrollo económico en función del interés social y no el de una minoría parasitaria.
No obstante, para lograr la superación revolucionaria del capitalismo, los comunistas debemos tener en cuenta el momento político que vivimos. Y la coyuntura actual se caracteriza por el abrumador dominio político de la oligarquía, la dispersión y desorientación ideológica del proletariado, la debilidad de las fuerzas comunistas y la falta de referencias de izquierda que permitan agrupar las luchas del proletariado y de las clases populares en un sentido político.
Eso nos obliga a trabajar por construir una amplia unidad popular que permita enfrentar el poder asfixiante de la oligarquía y mejorar el marco de lucha para facilitar que el proletariado eleve sus objetivos.
Estamos asistiendo a una suerte de “regionalización” de la economía capitalista. Ahora bien, cuanto más se avanza en la articulación de bloques regionales, tanto más se profundizan las contradicciones internas y la inoperancia de éstos. Un buen ejemplo es, como veremos a continuación, el caso de la UE.
No sería de extrañar, por tanto, que a pesar de las declaraciones librecambistas de los principales dirigentes políticos, asistamos pronto a una “renacionalización”, aunque la tendencia al librecambio (globalizadora, que se dice ahora) es imparable y se va a agudizar necesariamente conforme se profundice la crisis.
•    La crisis económica ha golpeado con particular fuerza la economía de las potencias imperialistas hoy dominantes (principalmente UE y EEUU), lo que ha generado un cambio brusco a favor de las denominadas economías emergentes. Al calor de este proceso se vienen produciendo una serie de movimientos que presagian un cambio en la correlación de fuerzas internacional y en la influencia de potencias económicas como China y, en menor medida, Brasil, India o Rusia.
Esta evolución, acelerada los últimos meses, hace que la tensión entre las grandes potencias económicas siga incrementándose, particularmente entre EEUU y China. Las amenazas permanentes de aquel a Irán, las posiciones cambiantes en las relaciones entre ambas potencias y entre éstas y Rusia, son constantes: la agresión a Libia, por ejemplo, fue posible por la abstención en el Consejo de seguridad de Rusia y China que, respecto de las amenazas de agresión a Irán o al régimen sirio, mantienen (de momento), una actitud más firme.
•    En la Unión Europea, por su parte, el denominado eje franco-alemán ha pasado a ser explícitamente no ya el “motor” de la economía, sino el director de la política del bloque imperialista, sin medias tintas ni disimulos: en Grecia, las fuerzas políticas de la oligarquía han pactado un Gobierno de “unidad nacional” que agrupa a Nueva Democracia, el PASOC y Laos, una fuerza de extrema derecha; en Italia, se ha impuesto un Gobierno de “tecnócratas” (eufemismo con el que se quiere encubrir a turbios personajes que han estado siempre en el campo del imperialismo), encabezado por Mario Monti, que, entre otros cargos políticos y económicos en instituciones imperialistas, fue Comisario del Mercado Interno y los Servicios Financieros, en 1994, y de la Competencia en 1999 ( y, que, como el nuevo ministro español de Economía y Competencia, Luis de Guindos, representó en Europa a Lehman Brothers, la financiera yanqui cuya quiebra fraudulenta desató la actual crisis económica); en España se impuso una reforma de la Constitución monárquica en apenas una semana, que da rango constitucional a la política neoliberal al obligar al Estado a sujetarse a un máximo de déficit público.
Estas medidas no sólo no han conseguido evitar el «acoso de los mercados», sino que han agravado la situación de crisis, llevando a la Unión Europea oficialmente a una nueva recesión (en un bloque imperialista en el que, a día de hoy, hay 25 millones de parados, 40 millones de pobres y 80 millones de ciudadanos por debajo del umbral de la pobreza).
En la “cumbre” de jefes de estado de la UE celebrada el pasado 9 de diciembre, los líderes reaccionarios de la Unión se citaban para evitar que la zona euro se hunda y la Europa capitalista entre en caída libre. El Primer Ministro francés, Sarkozy, lo señalaba en estos términos: «El riesgo de explosión en Europa nunca ha sido tan grande […] tenemos pocas semanas para decidir porque el tiempo corre en nuestra contra […] debemos reforzar Europa, debemos repensarla. Si no tenemos el coraje de hacerlo, la gente se rebelará contra nosotros».
La situación de la UE la resumía un alto funcionario francés en estos duros términos: «La eurozona es hoy una casa en llamas sin salidas de emergencia. La primera tarea es apagar el fuego. Pero eso no es suficiente. La casa tiene que ser reparada desde sus cimientos porque es la Unión Europea en su conjunto la que es cada día menos eficiente y menos relevante» (El País, 12/12/11).
La canciller Merkel y Sarkozy han celebrado varias “cumbres a dos”, ordenado a sus “colegas” y dictado la política a seguir. Pero la unanimidad, rota solo por el veto británico a los acuerdos de la cumbre comunitaria del 9 de diciembre, no anula las contradicciones existentes entre las oligarquías periféricas y las del núcleo central y en este mismo núcleo de poder; contradicciones que afloran en cada paso que intenta dar la Europa del Capital y de la Guerra para configurarse como bloque imperialista con una dirección común en las materias de mayor interés para el imperialismo (que no son, desde luego, las de la Europa solidaria y social, con cuya cantinela nos salmodian los revisionistas y social-liberales).
Lo nuevo, tras la cumbre del 9 de diciembre, es que el conjunto de estados de la UE, con la excepción señalada de Reino Unido, se someten, al menos formalmente, al dominio del eje franco-alemán y se comprometen, al menos formalmente también, a unificar su política fiscal y financiera, lo que augura nuevas agresiones al proletariado y los pueblos de Europa.
Pero la nueva Europa del capital y de la guerra que se abre paso, no ha puesto punto final a sus problemas: apenas dos días después de celebrada la cumbre, los «mercados» reanudaban su acoso y las primas de riesgo de la deuda de Italia, España, etc. seguían (y siguen) en el punto de mira de los especuladores financieros. Y tampoco ha terminado con la lucha soterrada entre las potencias imperialistas del viejo continente, hasta el punto de que, dos semanas después de la “cumbre”, el Gobernador del Banco de Francia respondía a la decisión de la agencia Standard and Poor’s de rebajar la cualificación de su deuda crediticia, atacando al Reino Unido de esta forma: «Deberían empezar por rebajar [la calificación] a Gran Bretaña».
Ahora bien, que existan diferencias entre las oligarquías no significa que no tengan un interés común en imponerse sobre el proletariado y los pueblos de Europa, para cargar sobre ellos las consecuencias de la crisis general del imperialismo, lo que en los próximos meses exigirá redoblar nuestra denuncia de la UE.
La profundización y generalización de la política de recortes de la Europa capitalista está atando la economía de los estados europeos, por lo que deberemos insistir en la propuesta política que exponía Republicanos en su programa electoral: no queremos más Europa, sino otra Europa, lo que se traduce en la exigencia de una renegociación de nuestra adhesión a los tratados de adhesión y de las normas de funcionamiento interno para garantizar la intervención activa del Estado en la economía con un sentido progresista y social, o la salida de nuestro país de la zona euro y de la UE.
Como conclusión sobre la evolución internacional, podemos decir que el mundo unipolar que hemos conocido, con una potencia, EEUU, indiscutible e indiscutida, camina rápidamente hacia una reconfiguración, hacia un mundo multipolar, con varios centros regionales de poder económico, en el que paulatinamente se determinan dos polos: uno capitaneado por EEUU y otro en el que China se destaca como dominante. Hay muchos factores a tener en cuenta y es posible que, conforme evolucionan las cosas y a la velocidad en que lo hacen, alguno de ellos no podamos percibirlo adecuadamente aún. Pero la tendencia es esa y el desarrollo de los acontecimientos de los últimos meses corrobora nuestra tesis.
Y es en esta nueva coyuntura en la que adquiere una importancia determinante la orientación de los comunistas [...], que debemos mejorar nuestro trabajo de masas y flexibilizar nuestra táctica para hacer frente al brutal ataque de la minoría oligárquica que, si no somos capaces de articular una respuesta unitaria, puede extender entre el proletariado y las organizaciones populares una sensación de impotencia y frustración que es muy peligrosa; todo ello, al tiempo que precavemos al proletariado sobre el verdadero papel reaccionario que juegan nuevas potencias, como China, en el terreno internacional.
En el orden interno, las contradicciones del sistema capitalista se reflejan en España de un modo particularmente virulento. Desde el plan de recortes impuesto en mayo de 2010 por Zapatero siguiendo instrucciones del núcleo de dirección de la UE, se han sucedido los ataques a los derechos sociales, laborales y económicos de los trabajadores.
La victoria del PP (una fuerza que aglutina en su seno, según ellos mismos reconocen, a la extrema derecha de corte fascista) era la consecuencia lógica de la frustración de las masas con la denominada izquierda institucional: ha sido su política de conciliación la que ha abierto las puertas a la “derechona”.
Pero el resultado de noviembre, como advertíamos en nuestra valoración de las elecciones, no es una foto fija: en el Consejo de Ministros del 30 de diciembre, Rajoy y su Gobierno incumplían su promesa electoral de no subir los impuestos y aprobaban un paquete de medidas que afectan sobre todo al sector público, mostrando con ello que nada ha cambiado, que su política provocará nuevos sacrificios para la mayoría social y un agravamiento de los problemas económicos.
La política de recortes se va a profundizar, dado su compromiso de reducir el gasto público en 40.000 millones (en apenas dos semanas, Rajoy aumentó en 8.000 los 32.000 millones de euros de recorte comprometidos en su debate de investidura).
Así pues, lo peor está por venir, como advirtió la propia Sáenz de Santamaría: es de dominio público que la celebración de elecciones en Andalucía, previstas para el próximo 25 de marzo, está haciendo que Rajoy oculte el grueso de su paquete de recortes con la intención de ganar esos comicios, lo que le permitiría gobernar en un feudo tradicional del social-liberalismo.
Pero que nadie espere un descanso en la ofensiva del capital. La determinación del núcleo central de la UE, con Sarkozy y Merkel a la cabeza, por redoblar los ataques contra el proletariado y los pueblos de Europa, el incesante acoso de los mercados especulativos sobre la moneda única y la entrada del bloque imperialista en un nuevo periodo de recesión, auguran una nueva oleada de ajustes aún más duros, que, como los propios gobiernos reconocen, no harán sino hundir más las economías nacionales (particularmente las de los países periféricos: Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia).
Ello puede incrementar la conflictividad social, aunque la cifra de paro, la dispersión de las luchas, la falta de perspectiva política de éstas y la debilidad de las referencias de clase son obstáculos que actúan de freno de la movilización.
No obstante, la tensión social y la frustración de millones de ciudadanos van a incrementar la presión política interna. Dentro de las propias fuerzas políticas oligárquicas son patentes las contradicciones: entre el nacionalismo burgués y el españolista, entre el PP y la dirección del PSOE, en el seno del propio PP entre marianistas y los sectores más ultraderechistas de ese partido, etc.
Lo mismo sucede en el seno de la izquierda institucional: apenas un mes después de las elecciones, en las que IU había recuperado una parte del voto perdido, hasta lograr 11 diputados, se hacían públicas las desavenencias internas en el grupo de la denominada “izquierda plural” y se reactivaban las habituales zancadillas entre unas capillas y otras. Hay miedo en la izquierda institucional, un miedo visceral, producto de sus muchos años de sometimiento, ante un panorama cuya característica más señalada es el inmenso poder y el envalentonamiento de la derecha más reaccionaria.
Los dirigentes sindicales oportunistas, llamados a representar, muy a su pesar, un papel de dirección política, de “último baluarte” frente a la ofensiva neoliberal, siguen practicando una política claudicante que les deslegitima ante las masas y facilita la ofensiva de la oligarquía contra el sindicalismo de masas, que es, a pesar de sus dirigentes y del descrédito que se han ganado a pulso, el principal instrumento del que disponen los trabajadores para organizar su resistencia.
En la nota informativa en la que la dirección confederal de CCOO analiza el fin del diálogo que ha venido manteniendo con la CEOE desde noviembre pasado, se señalan como objetivos de la negociación: «Promover, desde la propuesta, un cambio en las políticas tanto europeas como nacionales para que se prioricen la reactivación económica y la creación de empleo […] reforzar el diálogo social y la concertación. Evitar que se pretendiese prescindir de la capacidad de interlocución de los sindicatos». Como vemos, su obsesión por mantenerse como interlocutor reconocido no se corresponde en absoluto con la determinación de la patronal y los gobiernos de ignorar su papel institucional. El denominado diálogo social no es tal, sino un monólogo en el que la única voz real es la de la patronal y los gobiernos a su servicio, que llevan permanentemente la iniciativa.
En el mismo documento de la dirección sindical, tras relatar sus distintas propuestas para la reactivación económica: reforma fiscal y financiera, refuerzo del sector público, control público de precios, etc. (propuestas que en su mayoría compartimos, como ya hemos dicho otras veces), reconoce que el diálogo se limitó inicialmente a tratar tres cuestiones parciales que no afectan al núcleo de la política económica seguida por los gobiernos desde el inicio de la crisis (una política que ha consistido básicamente en recortar el gasto público y transferir rentas del trabajo al capital). A estos puntos: resolución extrajudicial de conflictos, formación para el empleo y renegociación del acuerdo de negociación colectiva, se añadieron a propuesta de Rajoy nuevas materias: mutuas, contratación y estructura de la negociación colectiva.
Es decir, las propuestas generales del sindicato, aquellas que apuntan a un cambio de la orientación económica en un sentido de progreso y mayor control social, han sido sustituidas en el “diálogo social” por los temas sectoriales que a la patronal y al gobierno les ha interesado tratar, sin tocar ni una coma de la política económica que se impone a los trabajadores. O lo que es lo mismo: la iniciativa la ha tenido siempre la oligarquía.
Terminado el plazo dado por el gobierno, el diálogo social se cerró sin acuerdo porque la patronal se negó a rebajar sus pretensiones, consciente de que la reforma laboral que imponga Rajoy las cubrirá. A pesar de eso, el miedo a tomar iniciativas sigue atenazando a los dirigentes oportunistas, hasta el punto de que, contra todo criterio razonable, sostienen su ofrecimiento a negociar sin condiciones: «para nosotros es fundamental mantener el poder contractual del sindicato, que es lo que en el fondo se pretende cuestionar y que afecta de manera fundamental al corazón de las relaciones laborales […] CCOO tiene que estar preparada para la negociación y el acuerdo, esta es la parte fundamental de la estrategia del sindicato».
En definitiva, los dirigentes oportunistas de los sindicatos de masas se niegan a trabajar por la unidad de clase, cuando más necesario es organizar una respuesta unida y general contra las constantes agresiones de la oligarquía.
Con todo, la dureza de la política que practica la oligarquía, su falta absoluta de formalismo democrático, están creando un clima político que facilita la toma de conciencia de los sectores más conscientes del proletariado. Nunca como ahora resultará tan evidente la necesidad de elevar la lucha al terreno político, nunca como ahora quedará claro que sólo combatiendo al enemigo en todos los frentes (también en las instituciones) con un programa político, democrático y unitario, las clases populares pueden resistir con eficacia la ofensiva brutal del capital.
Debemos tener en cuenta que las consecuencias de la crisis y de las políticas aplicadas por los distintos gobiernos, nacional y autonómicos, están llevando a las masas a una situación insoportable e incompatible con la estabilidad social y política. Las cifras de paro y precariedad, la práctica ausencia de expectativas de mejora inmediata y la saturación de las válvulas de escape que hasta ahora amortiguaban el impacto de la crisis: familia, economía sumergida, etc., junto al desengaño ante la política de alternancia seguida por PP, PSOE y las fuerzas nacionalistas en algunas comunidades autónomas, auguran un futuro de verdadero caos social cuya expresión política puede venir por la derecha si no somos capaces de construir una alternativa unitaria y de ruptura por la izquierda.
Esto lo asume ya mucha gente, y por eso la acogida de Republicanos ha superado todas las expectativas, a pesar de los obstáculos que se presentan ante una fuerza tan molesta para el régimen y en un momento de tanta presión de la derecha oligárquica.
En los próximos meses, el Gobierno Rajoy enseñará su verdadera naturaleza de perro de presa de la oligarquía; su oportunismo, que le ha llevado a ocultar sus pretensiones, presentándose como alternativa eficaz a la nefasta y reaccionaria política de Zapatero y sus gabinetes, ya no le servirá; y millones de ciudadanos buscarán con urgencia una salida, una alternativa que les permita afrontar la crisis en desarrollo.
Las fuerzas políticas que no entiendan que ha llegado el momento de la Unidad Popular, cediendo con generosidad en aspectos secundarios para confluir en los elementos fundamentales de un programa de ruptura (los más importantes de ellos, la prioridad de la lucha por la República Popular y Federativa, la superación democrática del régimen monárquico continuista y la articulación de un bloque popular contra la oligarquía), serán barridas del mapa político…
Los próximos meses, por lo tanto, se presentan agitados y requieren un esfuerzo del Partido para consolidar Republicanos y sus estructuras territoriales, redoblar las iniciativas políticas de la federación y garantizar su intervención en las batallas sociales y políticas que van a sucederse a un ritmo cada vez más rápido.
Republicanos tiene comprometida la organización de su Asamblea General para abril. Debemos dedicar todos nuestros esfuerzos a la organización de este encuentro. Y debemos hacerlo, además, con la máxima flexibilidad táctica, promoviendo que surjan nuevos cuadros que asuman tareas y responsabilidades, sin prejuicios; teniendo en cuenta en todo momento que la falta de vida política y asociativa de estos años ha pasado factura: muchos compañeros que se acercan a la lucha consciente, lo hacen sin experiencia militante previa y necesitan, por tanto, aprender a hacer política, a dirigir, a participar en los debates y en la actividad de la organización, a hacer suyos los acuerdos, aplicarlos y desarrollarlos sin complejos, con espíritu creativo…

Capítulo especial merece el trabajo en dos campos fundamentales para un Partido proletario: el movimiento obrero y la juventud. Los ataques al sector público están siendo demoledores y ello va a provocar la movilización de los trabajadores (la enseñanza en Madrid y otras comunidades y la sanidad catalana son ejemplos de ello), a la que debemos sumar a los ciudadanos en defensa de los servicios públicos. Debemos estar en las luchas, apoyando las reivindicaciones sindicales y dando nuestra propuesta política para elevar las demandas de lo concreto a lo general, de lo social a lo político.
En nuestra intervención sindical, por otro lado, debemos tener claro que el ataque a las posiciones claudicantes y vacilantes de los dirigentes oportunistas debe ir siempre acompañado de llamamientos a reforzar el sindicato como instrumento organizado de nuestra clase y a colaborar en el desarrollo práctico de las luchas y movilizaciones que convoquen los sindicatos de clase, porque nos jugamos mucho en el envite y determinadas posiciones anarquizantes, antisindicales y ultraizquierdistas son en estas circunstancias extremadamente peligrosas y únicamente contribuyen a debilitar la fuerza y la confianza del proletariado.
Respecto a la juventud, lo primero que debemos tener en cuenta es que es el sector que sufre con mayor contundencia las consecuencias de la crisis en términos de paro y precariedad, lo que condiciona sus expectativas vitales, dificulta su acción organizada y les aleja de la militancia política. Sin embargo, como el movimiento 15M ha demostrado, este es un sector más dispuesto para la movilización, más combativo y activo, aunque aún no sepa cómo orientarse.
Esa es nuestra labor. La juventud es el futuro de cualquier organización y debe ser un objeto prioritario de atención para las organizaciones de nuestro Partido; pero, además, si bien es cierto que el apoliticismo, cuando no el desprecio de la política, afecta especialmente a los jóvenes, también lo es que nacen a la vida política de una forma más natural, menos forzada y con menos vicios que otros sectores influidos por todo tipo de teorías ajenas al proletariado que han dominado ampliamente los mensajes de la “izquierda” española desde hace muchos años.
Dos son los frentes de trabajo que afectan directamente a los jóvenes: la enseñanza y el mundo laboral. En el ámbito educativo, este año se van a sentir en la Universidad las consecuencias de la aplicación de la Estrategia Universidad 2015. Además, el gobierno del PP ya ha anunciado la preparación de una Ley de Educación que sustituirá a la vigente, profundizando sus políticas privatizadoras; y, por último, continuará la política de recortes en la enseñanza que está afectando ya profundamente a toda la red educativa: recorte de plantillas, falta de pago a proveedores que amenaza la prestación de servicios indispensables en los centros educativos, como limpieza, calefacción, comedor, etc.
La confluencia de todos estos problemas augura una situación explosiva en la enseñanza española, para la que debemos estar preparados. Es preciso que redoblemos la coordinación entre los estudiantes, el profesorado, al que también afecta directamente la política educativa de la monarquía continuista, y los ciudadanos, a través de asociaciones vecinales, de estudiantes, AMPA, etc.
En el terreno laboral, las cifras de paro juvenil superan el 48%. Es este un dato brutal, que empeorará en los próximos meses. Quienes buscan trabajo se enfrentan a la precariedad, que alcanza cuando no supera el 60% entre los jóvenes, en algunos sectores productivos.
Así pues, la situación de los jóvenes no puede ser más alarmante. Difícilmente una generación entera puede soportar esta realidad, sin que se produzca una explosión social. Millones de jóvenes sufren en su bagaje vital un futuro angustioso, sin perspectivas de mejora. La frustración personal y política, la falta de expectativas, brota en ocasiones espontáneamente, como sucedió con el movimiento 15M. Esta experiencia prueba también que la rabia provoca movilización, pero que ésta, sin canalizarse al terreno político, está abocada a apagarse y puede aumentar la frustración.
En los próximos meses millones de trabajadores, sobre todo jóvenes, van a buscar salidas a su situación y se corre el peligro de que ese caudal sea dirigido hacia un callejón sin salida.
Hay que redoblar por lo tanto el trabajo entre los jóvenes, llegar a ellos, preocuparnos por su situación laboral, crear lazos con ellos, ayudarles a coordinar y organizar sus inquietudes culturales, sociales y personales, darles cauces organizativos para intervenir y actuar en política. Esta es una prioridad para el Partido.
Este año, nuestra juventud, la JCE (m-l), celebra su Segundo Congreso, en el que los camaradas debatirán sobre las alternativas que los jóvenes marxistas-leninistas ofrecen a la juventud para superar la dispersión y unificar la lucha de este sector proletario por los objetivos comunes de nuestra clase. Toda la organización del Partido debe ayudar a la JCE (m-l) en su tarea.
No se trata de que el Partido “tutele” el trabajo de la juventud, sino de que se implique en su ayuda, comprometa al conjunto de la organización en el análisis de los problemas que afectan a los jóvenes, ayude a nuestros camaradas de la JCE (m-l) a intervenir donde no lleguen por sus propios medios, etc.
El segundo Congreso de la JCE (m-l) permitirá constatar el avance y la consolidación de la JCE (m-l), cuyos militantes dirigen ya con éxito la movilización de la juventud en algunos territorios.
Y este trabajo lo haremos sólo y en la medida que mejoremos nuestra ligazón con las masas, con flexibilidad, con confianza en su capacidad de organización, delegando tareas, preparando cuadros nuevos, no solo para el Partido o la JCE (m-l), también cuadros de masas que sirvan de agitadores culturales, sociales, deportivos, etc.
Todo lo que nos permita agrupar a jóvenes y enseñarles a trabajar en común, nos va a permitir que poco a poco aumenten su compromiso y aprendan a trabajar de forma organizada. Pero los camaradas no pueden ser los dirigentes, organizadores, ejecutores de las actividades, etc.; no pueden intentar abarcar todas las tarea para “asegurar que salen”, no pueden (ni deben) controlarlo todo, porque de esa forma únicamente se transformarán en un obstáculo para el desarrollo de las tareas y comprometerán la verdadera tarea de dirección del Partido.
Para organizar Republicanos, para trabajar en el sindicato, en los centros de estudio, barrios, etc., hay que animar a los compañeros que pidan compromiso a que asuman responsabilidades, sin asfixiarles con nuestros problemas y urgencias.

Por otra parte, aunque tocaremos seguidamente este aspecto, queremos insistir en la necesidad de trabajar nuestro propio entorno con las masas, separándonos del entorno de la “izquierda” oportunista, que vive ensimismada, aislada de la gente normal y corriente; con unas prioridades y obsesiones que no entienden las masas; y que, a fin de cuentas, se empeña en ser un problema en lugar de ser parte de la solución.
Nuestra organización ha dado un salto muy importante en su ligazón con las masas. El debate en el que estamos empeñados desde hace meses está dando resultados muy esperanzadores, pero debemos redoblarlo, con un control ágil, colectivo y político de nuestro trabajo. El formalismo es uno de los peores males para una organización como la nuestra: la vida política cambia rápidamente y hay que tener en cuenta esto para aumentar nuestra agilidad en la respuesta, nuestra audacia en la organización, sin olvidar nunca el consejo que el camarada Engels daba a los marxistas alemanes:
«La táctica correcta no es quitarle al contrario unos pocos afiliados de vez en cuando, sino trabajar la gran masa que permanece apática. La fuerza primera de una persona que hayamos ganado a la masa vale más que diez renegados lassalleanos que siempre llevan consigo al entrar en el partido las semillas de sus falsas tendencias.» (Carta de Engels a Bebel, junio de 1873).
Cambiando el término lassalleano por el de revisionista u oportunista, esta cita sigue teniendo plena vigencia.

Sobre los revisionistas y la unidad
Como señalábamos en nuestro informe de enero pasado, conforme se profundiza la crisis, tanto en el plano nacional como en el internacional, se agudiza la necesidad de marcar distancias ideológicas con el revisionismo, que aumenta, a su vez, la agresividad hacia las posiciones leninistas. En los últimos meses, un minúsculo grupo con el que en su día mantuvimos un proceso de debate dirigido a la unidad ha atacado con particular saña, en sendos artículos realmente provocadores, nuestro análisis internacional y la política de unidad popular de nuestro Partido, desgranando en ellos algunas de las tesis de los revisionistas, por lo que en el texto que sigue incluiremos alguna de las citas de sus libelos, para ilustrar sobre las desviación general de los revisionistas en estos temas.
Hasta los años 80, les guste o no reconocerlo, los revisionistas (incluidos los que hoy defienden las tesis más izquierdistas) apoyaron la maniobra de Carrillo y sus secuaces, su traición a los objetivos de lucha de los comunistas españoles: entonces nos acusaron de sectarios, porque no nos plegábamos a los designios del revisionismo triunfante en la URSS y en la mayoría del campo socialista, que terminó liquidando los avances y logros del socialismo soviético y abriendo aquel gran país, el primero en llevar a cabo una revolución proletaria, al control de la burguesía.
Hoy, nos acusan con la misma virulencia de sectarios, porque no compartimos su conformismo o su radical-oportunismo táctico, ni aceptamos definir, como hacen ellos, la Corea de la dinastía Kim o China como países socialistas. Entonces éramos sectarios porque negábamos que la formación de organizaciones marxistas-leninistas y la crítica del jruchovismo debilitaran el movimiento comunista y manteníamos (y seguimos manteniendo) que lo que de verdad ha debilitado las filas del comunismo es la aplicación de teorías antimarxistas como la conciliación de clases (en España, «reconciliación nacional»), coexistencia pacífica, policentrismo, vías nacionales al socialismo, etc., que se extendieron por la mayoría de los viejos partidos comunistas, formando un sustrato ideológico del que se alimentan, hoy, tanto los revisionistas reformistas como los radical-oportunistas.
Hoy nos critican porque no aceptamos su concepción aberrante, según la cual las diversas corrientes del denominado campo comunista se han desdibujado, y ya no es necesario (o, al menos, no es primordial) tomar posición sobre cuestiones ideológicas, porque lo primero es «unificar» a «los destacamentos comunistas» en un solo Partido.
No importa que las masas proletarias estén desorientadas, dispersas, enfrentadas en muchos casos a la política (gracias en parte al vergonzoso papel de “comunistas” como ellos). Lo verdaderamente urgente es «la unidad de los comunistas», aunque estén dispersos en infinidad de grupúsculos que se mueven compulsivamente entre el radicalismo, la conciliación, la sumisión o el sectarismo marginal; no importa que unos defiendan la labor de los oportunistas de derecha que dirigen los sindicatos de masas y otros afirmen que no se puede trabajar en ellos porque eso es traicionar al proletariado; no importa que algunos se apunten a la defensa apasionada del nacionalismo radical pequeñoburgués o defiendan para España el confederalismo, olvidando la diferencia entre apoyar el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la posición de clase leninista respecto a la cuestión nacional (1); tampoco importa que la mayoría divida (y ya es decir) su organización en destacamentos nacionales o capillas locales que en muchos casos actúan autónomamente unos de otros. Nada de esto importa (o no es determinante) frente a la imperiosa necesidad de unir un mejunje tan variopinto y original en un solo partido.
En definitiva, los revisionistas se han movido de comparsas del derechismo más aberrante que representaba Carrillo, al conformismo complaciente con el régimen continuista; y algunos, de éste al radicalismo ultraizquierdista más sectario con las masas; pero siempre lo han hecho (y lo siguen haciendo) dentro de los límites de la concepción revisionista, que no da la más mínima importancia a los principios: nada es primordial salvo, ¡la unidad de estos “comunistas”!
Pues bien, nosotros queremos la unidad de los comunistas, pero no consideramos tales a quienes repiten (en muchas ocasiones sin ser conscientes de ello, a lo que parece) muchas de las deformaciones revisionistas en materia política, económica e ideológica, que los Jruschev, Tito, Gomulka, Carrillo y demás escoria hicieron comunes en la práctica de los viejos partidos.
Los revisionistas que nos atacan quieren, con ello, hacer olvidar su propio pasado de seguidismo ciego y por eso, en esencia, critican del XX Congreso, únicamente, el repugnante ataque de Jruchov contra la figura de Stalin; pero, por lo demás, embellecen o silencian las consecuencias de la traición revisionista (2).
Y en esta visión distorsionada de la historia y de la realidad, suelen coincidir los reformistas y los radical-oportunistas, cada uno desde su extremo del arco revisionista: ambos conciben el socialismo exclusivamente como un modelo de “redistribución” más equitativa de la renta; ambos identifican la pelea por el socialismo desde una perspectiva economicista, al margen de la pelea democrática, lo que les lleva a menospreciar la lucha por la República, como algo ajeno al interés inmediato del proletariado.

En el documento del Secretariado de nuestro Partido sobre la crisis (noviembre de 2008) señalábamos:
«Hoy, el capital se encuentra acuciado por un mercado saturado, internacionalizado al máximo, en el que crece la competencia entre capitalistas forzándoles a mejorar su posición abaratando costes por la vía de concentrar sus fuerzas, destruir empleo y apoyarse en el Estado para desequilibrar en su provecho las re¬laciones laborales. Cuenta con importantes aliados para llevar a cabo sus planes: además de las diferentes fuerzas políticas que defienden sus intereses, los dirigentes oportunistas de los principales sindicatos, pasados desde hace mucho al campo de la burguesía; la dispersión ideológica y la pugna entre los propios trabajadores (fijos-eventuales, nacionales-inmigrantes, parados-activos, etc.) fomentada por la presión del capital y la debilidad de los instrumentos organizados: sindicatos y corrientes sindicales de clase y parti¬cularmente de las fuerzas de izquierda revolucionarias […].
Lo hemos dicho muchas veces: las masas no van a esperarnos para movilizarse; el brutal incremento del paro, el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo está provocando un aumento de las movili¬zaciones dirigidas no sólo por los sindicatos, sino por organizaciones de todo tipo que intentan agrupar a los sectores afectados por la crisis capitalista (parados, inmigrantes, propietarios de viviendas hipotecadas, etc.).
Estos movimientos expresan la necesidad de organización que instintivamente sienten miles de trabajado¬res, pero si se mantienen dispersos sólo generarán acciones espontáneas e ineficaces que pueden llevar a nuevas frustraciones. Nuestro deber es el de contribuir a unificarlos y dotarlos de una orientación política (tras muchos de ellos es más que probable que estén el PSOE, los anarquistas u otras fuerzas burguesas que intentan desactivar la tensión social o desviarla al terreno del activismo más loco e irracional)».
Seguimos pensando lo mismo, y por ese motivo nos esforzamos en lograr la Unidad Popular frente a la oligarquía.
Los comunistas trabajamos por la superación revolucionaria del capitalismo, por el socialismo, entendiendo como tal un Estado proletario (es decir, una dictadura del proletariado, frente a la burguesía), en el que la economía esté planificada de forma centralizada para garantizar un desarrollo armónico y la satisfacción de las crecientes necesidades económicas, sanitarias, educativas y culturales del conjunto de la sociedad; un Estado que cree las condiciones para su autodisolución, para la emancipación efectiva de la clase obrera y la abolición de las clases.
Pero para lograr eso es preciso participar de la lucha política, intervenir en ella, conociendo las limitaciones y posibilidades de cada momento, adaptando nuestra táctica a ellas. Los revisionistas reformistas también se autodenominan comunistas, también dicen que el socialismo es su objetivo, pero no están dispuestos a superar su limitada visión pragmática, embrollados como están en las miserias del régimen del que son sustento inconsciente: para ellos, la pelea por el socialismo se desarrolla sólo en las instituciones, aceptando las reglas de juego establecidas por el enemigo de clase; para ellos, no es necesario romper con la forma política que sustenta el dominio de la oligarquía, lo que les ha llevado a la impotencia política, cuando no a la sumisión.
Los reformistas consideran un problema menor el de la República porque, según su concepción, «es posible alcanzar el socialismo (o casi el socialismo) modificando la Constitución monárquica», como dijo en plena campaña electoral Cayo Lara.
Es cierto que las formas no determinan el fondo de los problemas, pero sí son su expresión concreta, y como tal también los condicionan. Como señalara certeramente Carlos Marx, «todas las luchas que se libran dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho de sufragio, etc., no son sino las formas ilusorias bajo las que se ventilan las luchas reales entre las diversas clases».
El desarrollo histórico de España (la debilidad de su burguesía, el dominio absoluto que en la política ha ejercido la oligarquía, terrateniente antes, empresarial y financiera ahora, etc.) ha determinado que la República fuera siempre la expresión de la unidad del proletariado y de las clases trabajadoras en su lucha por el progreso y la democracia.
La propuesta de unidad popular en la que está empeñado nuestro Partido, nuestro esfuerzo por levantar Republicanos, como un referente que sirva para articular un bloque popular frente al dominio de la oligarquía en España, busca crear las condiciones para un salto cualitativo de la conciencia del proletariado, hoy apartado de la lucha política, frustrado y desorientado por años de traiciones, desenfoques y doctrinarismo barato de la izquierda.
Lo importante para construir el socialismo es traer hoy la democracia a España, afirmaba en 1975 S. Carrillo (aunque se traicionaran las expectativas democráticas del movimiento obrero y popular). Hoy lo importante (para traer el socialismo, claro) es luchar contra el paro y la crisis, la pelea por la República es secundaria: eso mismo afirman los dirigentes del PCE e IU. Lo determinante hoy es pelear por la República Socialista, lo demás es hacer dejación de nuestro deber de exponer ante las masas «nuestras convicciones socialistas» (sic): eso viene a afirmar la “vanguardia del revisionismo ilustrado”.
Y bien, ¿cuáles son «sus convicciones socialistas»? Pues éstas, enunciadas en el escrito de UP para criticar nuestro supuesto «dogmatismo» y justificar el peculiar proceso “socialista” en China, Corea del Norte, etc.: «lo que sirve o no sirve a la causa socialista no puede determinarse de una vez para siempre, sin tener en cuenta su desarrollo particular y su relación con el entorno […] Más allá de esas premisas [que, por supuesto, no definen] la fisonomía de un país socialista […] dependerá de las posibilidades que le brinda la realidad interna y externa». Es decir, que la única premisa parece ser que el tal estado se defina a sí mismo como socialista.
Esta tesis que, por cierto, se parece mucho a la expuesta por dos de los campeones del revisionismo antileninista, Tito y Jruchev, en la primera visita de aquel a Rusia, una vez muerto el camarada Stalin: «las vías de desarrollo socialista son diferentes en los diversos países y contextos y la riqueza de desarrollo del socialismo contribuye a su fortalecimiento», hace difícil no catalogar cualquier proceso como “socialista”. Al final, lo que se desprende es que hacer cesiones tácticas es imperdonable, supone renunciar a exponer nuestras convicciones socialistas, etc., etc., pero construir el “socialismo”, como lo hacen los dirigentes chinos o la dinastía coreana, por ejemplo, depende de «las posibilidades que brinda la realidad interna y externa».
Lo curioso es que la lucha por la República Popular y Federativa que propugna nuestro Partido, nuestros esfuerzos por levantar la unidad popular en torno a un programa de mínimos, para agrupar fuerzas, para crear las condiciones que permitan realmente al proletariado combatir por metas más elevadas, son para estos comunistas virtuales un intento de «no exponer ante el pueblo nuestras convicciones socialistas». Por esa razón ellos, junto con sus amigos “bullejistas”, trabajan por la «república socialista» (unos por la ibérica, otros por la castellana, catalana, vasca, etc.; pero por la República Socialista, que es lo que importa, aunque hoy en día no entiendan ni ellos qué supone ese término).
La verdad es concreta, como certeramente señalara Lenin; pero ellos solo la recitan cuando creen que esa cita cuadra con su concepción literaria del marxismo. ¿Cuál es la verdad concreta en España, hoy? ¿No es cierto que el proletariado español se enfrenta a una encrucijada histórica, desorganizado, sin referencias que permitan plasmar en política su lucha aún exclusivamente social frente a un Gobierno de la derecha neofranquista, un Parlamento dominado abrumadoramente por la derecha oligárquica y un movimiento sindical atomizado, dirigido en lo fundamental por sectores oportunistas de derecha, etc.?
Nuestra propuesta táctica, que hoy confluye con la construcción de una alternativa unitaria, democrática y popular, con la premisa de trabajar por la ruptura democrática, por la conquista de un marco republicano (porque la República, yendo a lo concreto, ha sido y sigue siendo el marco formal de la lucha popular en España), no oculta nuestras convicciones socialistas, sino que intenta crear las condiciones para un desarrollo mayor de la lucha por el socialismo en España (3).
No entender que, en las concretas circunstancias actuales, la tarea de los comunistas es mejorar el marco en el que se desarrolla la lucha de clases, dar confianza al proletariado, trabajar por la unidad con otras corrientes ideológicas del campo popular, en un programa común de mínimos frente a la oligarquía dominante, no es más que doctrinarismo alejado de la realidad concreta.
¿Que aún tenemos mucho que aprender? Sí, por supuesto, debemos aprender a ligarnos con las masas, explicar nuestras propuestas de modo que se entiendan y asuman, traducir en términos concretos (eso es precisamente el problema) nuestras «convicciones socialistas». Pero estas lecciones nos las va a enseñar la vida misma, el análisis concreto y colectivo; no vamos a aprender nada de ese campo de grillos que forman los «destacamentos comunistas» de los que hablan los revisionistas. Por ello, debemos separarnos decididamente del sectarismo pequeñoburgués, del doctrinarismo marginal y de la atrofia dialéctica que los dirige decididamente hacia el basurero de la historia.

Algunas cuestiones sobre China
Ahora toca hablar en este informe sobre la evolución de China. ¿Por qué? Porque cada vez queda más clara la deriva reaccionaria de su política, por cuanto su papel en los últimos años ha profundizado la tendencia hacia el capitalismo imperialista que apuntábamos en nuestra anterior Línea Política y augura a corto plazo, como señalábamos más arriba, que el gigante asiático está llamado a ser uno de los polos de la confrontación interimperialista en los próximos tiempos.
Este no es un tratado de economía política; tampoco podemos desarrollar un análisis detallado de la deriva del peculiar “socialismo” de la República Popular China, porque ello desbordaría los límites de este informe, pero expondremos más abajo algunos datos objetivos (siempre la verdad concreta) de la evolución de la política interna e internacional china, para que los camaradas puedan hacerse una idea de lo que estamos hablando y de la importancia del debate que se va a abrir en el seno de la izquierda sobre el particular (de la autodenominada comunista, en especial); un debate que va a ser cada vez más necesario por cuanto los acontecimientos evolucionan, como venimos insistiendo a lo largo del informe, de una forma muy rápida.
Pero antes, permítase detenernos en una de las objeciones o disculpas que esgrimen nuestros críticos para justificar la “peculiar vía al socialismo” del régimen chino. Dice así:
«La confrontación entre el socialismo y el capitalismo entraña hoy en día un peligro que no existía en la primera mitad del siglo XX: los capitalistas tienen la capacidad material de aniquilar los países socialistas con su armamento nuclear, antes de que las masas oprimidas del mundo puedan reaccionar para impedirlo […] Por supuesto que la alternativa no está en la rendición, pero hay que abrir paso al futuro socialista de una manera no simplista, sino dirigiendo hábil e inteligentemente el sistema de contradicciones internacionales […] La mayor ayuda que los países socialistas pueden prestar a la revolución proletaria mundial […] no consiste generalmente en denunciar al imperialismo ni tampoco en enfrentarse militarmente con él, sino en probar prácticamente las ventajas del socialismo en comparación con el capitalismo» (los subrayados y negritas son nuestros).
Dejemos aparte el detalle de que China es una de las principales potencias atómicas del planeta, para centrarnos en el parecido de esta tesis, aparentemente trivial, con lo expuesto por Jruschev como enunciado de la llamada “coexistencia pacífica”:
«El establecimiento de relaciones de amistad durables entre las dos grandes potencias mundiales, la Unión Soviética y los Estados Unidos de América traerá una importante mejora para el refuerzo de la paz en el mundo entero. Si hacemos descansar las relaciones entre la URSS y los Estados Unidos sobre los cinco principios de la coexistencia pacífica: respecto mutuo de la integridad territorial y la soberanía, no agresión, no injerencia en los asuntos internos, igualdad y ventaja recíproca, coexistencia pacífica y cooperación económica, eso será una aportación verdaderamente excepcional para toda la humanidad».
O este enunciado del manual de economía policía de P. Nikitin, posterior al XX Congreso y, por tanto, dentro de la “ortodoxia” revisionista:
«En la época actual, cuando existen armas de exterminio de masas, como las bombas atómicas y de hidrógeno, debe excluirse la guerra de la vida de los pueblos. Sólo queda un camino, el de la coexistencia pacífica y la emulación pacífica entre el socialismo y el capitalismo […] El principio de la coexistencia pacífica significa la renuncia a inmiscuirse en los asuntos internos de otros países con el propósito de cambiar su régimen estatal, su modo de vida, o por cualquier otra razón» (negritas y subrayados, de nuevo, nuestros).
Como Kautsky, Jruschev o Santiago Carrillo, que también abrazó estas posiciones, los revisionistas modernos insisten (aunque no lo digan abiertamente) en que el grado de desarrollo del imperialismo permite únicamente su evolución gradual, pacífica y democrática; que la simple “comparación” entre ambos sistemas terminará por provocar el advenimiento del socialismo.
Desde que fuera expuesta, cientos de conflictos con cientos de miles de víctimas, decenas de golpes de estado e intervenciones militares, han sido la cruda demostración de que esa tesis no pasa de ser una burda falsificación de la realidad, que encubre objetivamente la naturaleza real, militarista y agresiva, del capitalismo en su fase imperialista.
El abandono por los revisionistas de la lucha de clases en el ámbito internacional, ha ido siempre acompañado de la renuncia expresa a una política leninista en su actividad en sus propios países. Con sus salmodias sobre la coexistencia pacífica entre sistemas diferentes, paz social, “policentrismo” y reconciliación de clases, los viejos partidos habían renunciado a dirigir la revolución y era inevitable que delegaran en las otras clases la dirección de los procesos de lucha.
Sus epígonos ideológicos siguen amparándose en esa tesis. Eso es lo que realmente hacen nuestros “comunistas”: en el terreno interno se limitan a “influir” apoyando o criticando al reformismo socialdemócrata, cada día más escorado al social-liberalismo, o a proclamar sus «convicciones socialistas» sin mojarse realmente en la lucha por llevarlas a cabo. Y en el orden internacional se abandonan al papel de seguidores de la estela de tal o cual líder, tal o cual organización popular: primero el Zapatismo, luego Lula, después Dieterich y su «Socialismo del s. XXI»… diversos personajes han sido elevados al olimpo revisionista y, según iban cayendo de él, eran relevados por otros.
No, no somos nosotros quienes, por mor de una pretendida y falsa solidaridad internacionalista, renunciamos a los principios; no somos nosotros quienes llevamos las cosas al punto de confundir la solidaridad con el pueblo de Libia frente a la agresión del imperialismo, por ejemplo, con el apoyo a un régimen reaccionario como el de Gadafi, por cierto firme aliado en los últimos años de alguno de sus verdugos (Sarkozy, Berlusconi), ni acusamos a quienes sí distinguen una cosa de otra como cómplices del imperialismo. No somos nosotros quienes confundimos los colores de la vida, llena de contradicciones y matices, con el gris del doctrinarismo antimarxista.

Es hora ya de tocar algunas cuestiones de la realidad concreta de China y de su evolución. Empecemos diciendo que China lleva a cabo un gigantesco proceso de modernización. Eso es innegable, como también lo es su enorme coste social: la desigual distribución de la renta y la consiguiente desigualdad es otra característica del modelo chino y del meteórico crecimiento de su economía.
Otra cuestión es si el «socialismo de mercado» chino es socialismo, si los logros económicos de su economía (hoy la segunda del mundo) sirven para consolidar el socialismo o, más bien, para liquidar lo que quede de él y afianzar el control del Estado en manos de una oligarquía muy agresiva.
En uno de los libelos de los que venimos hablando, se nos reprocha continuamente una actitud no equilibrada hacia China. Pero lo cierto es que en la Línea Política aprobada en nuestro Congreso de Reconstrucción se afirmaba: «Por otra parte, la República Popular China, tras la realización de su revolución, está degenerando hacia un Estado capitalista, en un proceso que hoy no controlan los elementos socialistas del país» (punto 12). Hablábamos, por tanto, de una tendencia que nos preocupaba seriamente, sin entrar a definir más precisamente el carácter de la República Popular China de hoy. Ellos, sin embargo, afirman taxativamente que China es socialista y que su política exterior es internacionalista y solidaria. Pero, ¿qué clase de socialismo construye el régimen chino? ¿Qué clase de internacionalismo proletario practica?
¿Qué clase de socialismo construye el régimen chino?
«La forma simple del valor, el acto individual de intercambio de una mercancía por otra, incluye ya, en forma no desarrollada, todas las contradicciones propias del capitalismo» (C. Marx).
En el periodo de transición del socialismo al comunismo sigue existiendo una circulación monetaria y mercantil, continúan vigentes vestigios de la economía capitalista que pueden facilitar la restauración del capitalismo si el Estado proletario no actúa combinando adecuadamente la educación y la represión de los elementos residuales que se mantienen vivos en la economía estatal. De ahí que el estado socialista deba conjugar los diversos factores que intervienen en la vida económica de la nación, utilizando su poder coercitivo para controlar las fuerzas que amenazan el desarrollo del proceso: «en la esfera económica, el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley [se refiere a la ley de la armonía entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, en el socialismo] […] que afecta a los intereses de fuerzas sociales llamadas a desaparecer, choca con la resistencia tenacísima de esas fuerzas. Se necesita, por tanto, una fuerza, una fuerza social capaz de vencer esa resistencia» (Stalin, Problemas económicos del socialismo en la URSS). De ahí la necesidad del poder proletario, para evitar el reforzamiento de los sectores burgueses y la degeneración burocrática.
Resulta evidente que la realidad concreta de cada país condicionará de un modo u otro las medidas que el Estado proletario adopte para construir el socialismo, aunque estas medidas deben tener una clara orientación hacia la socialización de la producción, el reforzamiento de la planificación centralizada de ésta y del control político del proletariado, etc. (4).
La Unión Soviética, hasta la traición revisionista, encaró los distintos avatares políticos a los que se enfrentaba con un criterio director que ilustraba los distintos cambios tácticos que aplicaron sus dirigentes; ese criterio era que las medidas se dirigieran a combatir el corporativismo y el ámbito de actuación de los resquicios de capitalismo que persistían en su economía, y a limitar la libertad de actuación de los sectores burgueses. El apoyo a las formas cooperativas de producción en el campo, por ejemplo, iba acompañado del refuerzo permanente de la socialización; el fomento de la participación de los trabajadores en las orientaciones y la gestión de las empresas estatales, junto al papel de éstas en la elaboración y aplicación de los Planes Quinquenales, no impedía, sino todo lo contrario, que se diera una importancia decisiva a la centralización de la planificación económica, para asegurar que las decisiones se tomaran teniendo en cuenta las visiones sectoriales y parciales, sí, pero superándolas con un objetivo común que las trascendiera: «desde el punto de vista de toda la economía nacional y en un periodo, por ejemplo, de diez a quince años […], veríamos que la rentabilidad temporal e inconsistente de esta o aquella empresa o rama de la producción no puede en absoluto compararse con la forma superior de rentabilidad, sólida y constante, que nos da la acción de la ley de desarrollo armónico de la economía nacional y la planificación de la misma” (Stalin, ibídem).
De hecho, en el ámbito económico, las sucesivas reformas desarrolladas por los dirigentes revisionistas tras hacerse con el poder y el control del Estado en los países socialistas de Europa, se encaminaron hacia una descentralización paulatina de los mecanismos de planificación centralizada y de la gestión de las empresas e instituciones económicas. A partir del XX Congreso del PCUS, amparándose en el aberrante principio de las vías nacionales al socialismo, comienza un proceso de degradación de la planificación socialista, más o menos rápido e intenso según los países. Se comienzan a aplicar medidas dirigidas a menoscabar los instrumentos centrales de control y planificación económica, introduciendo reglas propias del mercado. Con el argumento de la “descentralización económica” se adoptaron criterios corporativos, se reprivatizaron sectores; se incrementó la capacidad de decisión de los ejecutivos de las empresas estatales en los procesos de planificación, se limitó la capacidad de control de los organismos centrales, etc. Así definían los historiadores burgueses Wolfgan Benz y Hermann Gram, en su libro Europa después de la II Guerra Mundial, la política económica aprobada por el VI Congreso del SED alemán en 1963: «El nuevo sistema económico de planificación y dirección rompió con toda una serie de tabúes de la política económica estalinista y con algunos tópicos socialistas, utilizando sin vacilaciones préstamos del sistema “capitalista”».
En China, desde la constitución de la República Popular en 1949, la dirección del PCCh impulsó varios cambios bruscos en la orientación de su política: primero, el I Plan Quiquenal (1953-1957), que siguió claramente la experiencia soviética, orientada hacia la rápida industrialización del país y la socialización de la agricultura; luego, en 1958, el Gran Salto Adelante, que fue un rotundo fracaso; seguidamente un nuevo refuerzo de la planificación; y, posteriormente, la denominada Revolución Cultural Proletaria. La mayoría de estos cambios se caracterizaron en cualquier caso por una reducción de la centralización de las grandes decisiones económicas.
A la muerte de Mao, en 1976, tras un periodo de interregno que duró hasta 1978, en el que se rehabilita a Deng Xiaoping (1977) (5), se impuso un nuevo giro copernicano en la política del PCCh. La II Sesión Plenaria del Comité Central del PCCh sancionó las bases de las denominadas cuatro modernizaciones. El cambio comienza en la agricultura, con la introducción de la contrata familiar y el desmantelamiento de las comunas populares; se aceleró también la descentralización económica y se abrió la economía china al capital extranjero.
Algunos, siguiendo la literatura oficial del PCCh, ven en la evolución seguida por la República Popular China desde entonces una concesión transitoria, para garantizar el desarrollo rápido de la economía de ese gigantesco país de más de 1.300 millones de habitantes. Lo cierto es que, desde 1978 y en sucesivas reformas, la tendencia liberalizadora y privatizadora en China, tanto en política interior como exterior, no han hecho más que crecer.
Estos son algunos de los hitos del desarrollo de la economía privada en China, tomados de la agencia China Today:
«En febrero de 1979, la Administración Estatal de Industria y Comercio propuso permitir la dedicación de las personas desocupadas con registro civil al trabajo individual en la reparación, servicio y artesanía, pero no a la contratación de mano de obra.»
En octubre de 1981, el Consejo de Estado resolvía: «Partiendo de la precondición de la superioridad de la economía pública socialista, aplicar la coexistencia de múltiples modos económicos y de gestión a largo plazo es una decisión estratégica a largo plazo de nuestro Partido, no es un medio provisional. A los industriales y comerciantes individuales se les debe permitir contratar un número no mayor a dos ayudantes y a los dotados de técnicas especiales no más de cinco aprendices».
En 1987, el XIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China indicaba: «El desarrollo en cierto grado de la economía privada favorece el fomento de la producción, la activación del mercado y la creación de más puestos de empleo y satisface de mejor manera las necesidades del pueblo en muchos aspectos. Sirve de suplemento necesario y beneficioso a la economía pública».
En abril de 1988, la I Sesión de la VII Asamblea Nacional Popular aprobaba la enmienda de la Constitución que reconocía jurídicamente el estatus y desempeño de la economía privada.
Más tarde, en el XIV Congreso Nacional del Partido, se señaló: «La reforma del sistema económico de China aspira por objetivo a establecer el sistema de economía de mercado socialista y permitir a las empresas estatales, colectivas y de otras formas de propiedad competir en el mercado en pie de igualdad.»
En el XV Congreso del Partido, celebrado en 1997, se indicó que «la economía privada forma parte importante de la economía de mercado socialista».
El 29 de febrero de 2005 se publicaron «Algunas opiniones del Consejo de Estado sobre el estímulo y apoyo al desarrollo de la economía de propiedad no pública. Se trata del primer documento chino […] dedicado a animar el desarrollo de esta economía, el cual contiene estipulaciones nuevas encaminadas a flexibilizar el acceso de las empresas de propiedad no pública al mercado, entre otras cosas» (6).
Por su parte, el profesor de la Universidad de La Habana Ernesché Rodríguez Asien señalaba en un reciente artículo: «El 16 de marzo del 2007, la Asamblea Nacional Popular de China (ANP) aprobó, con amplia ventaja, la ley más discutida de su historia, que reconoce por primera vez la propiedad privada y equipara su protección a la de la pública y a la colectiva», y añadía que «el 67,4% de los empresarios privados corresponde a exfuncionarios de gobierno, personal administrativo provenientes de empresas estatales y técnicos profesionales formados al amparo de las instituciones estatales, cifra que en el año 2004 constituía el 33,8%».
Hoy podemos decir que la empresa privada goza en China de una envidiable salud. La agencia Pueblo en Línea señalaba en 2005 que, según informaciones de la Administración Estatal de Industria y Comercio de China, el número total de empresas registradas en los organismos administrativos alcanzaba los 7.878.000, de las cuales las empresas privadas son 3.984.000. Este número sobrepasó por primera vez el total de las empresas estatales, colectivas y de capital extranjero (7). Como dato comparativo, diremos que la participación del sector público en la producción industrial global era, en 1980, del 76%. Y aunque en estas empresas predominan las pymes, el capital privado, como consecuencia de la crisis económica internacional, se concentra progresivamente en grandes emporios y ha entrado ya en sectores hasta ahora considerados estratégicos (8).
Las condiciones de trabajo en muchas de estas empresas son durísimas: constantes incumplimientos de la legislación laboral, rechazo de la representación sindical, despidos generalizados, etc. Una investigación ordenada por la Asamblea Popular, en 2005, revelaba que el 80% de las empresas privadas chinas violaban la legislación laboral aprobada ese año (J.A. Egido, La clase obrera industrial china a comienzos del siglo XXI).
Pero, junto a esta realidad social, el impetuoso desarrollo del sector privado tiene otra consecuencia negativa: la anarquía productiva propia del capitalismo. El presidente del Grupo Siderúrgico Estatal de Baoshan reconocía que «en condiciones iguales, quizá su empresa no fuese capaz de competir con las empresas privadas, muy rápidas tanto en participar en el ramo de alto rendimiento como en retirarse cuando ya no obtienen beneficios». La ley del máximo beneficio, fundamental del sistema capitalista, es la causante de la anarquía productiva propia de él.
Lo cierto es que el fomento de la economía privada en China no ha sido una apuesta circunstancial, como sostienen los revisionistas, sino una decisión estructural que afecta profunda y negativamente a la armonía de la economía de ese país, incrementando las diferencias entre ciudad y campo; entre las zonas del Este, altamente industrializadas –y contaminadas (9)– y las del centro y oeste del país. Estas contradicciones generan constantes conflictos sociales que ya preocupan al Gobierno central (10).
Veamos ahora cómo China dirige «hábil e inteligentemente el sistema de contradicciones internacionales».
¿Qué clase de internacionalismo proletario practica China?
La peculiar concepción del internacionalismo proletario y de la solidaridad entre los pueblos y entre los comunistas que tienen los dirigentes chinos viene de lejos: en septiembre de 1975, la inminente ejecución de cinco antifascistas a manos del régimen franquista desató una oleada de solidaridad internacional; numerosos países realizaron gestiones para evitarla, elevaron protestas diplomáticas o retiraron su embajador. La República Popular China, que había establecido relaciones diplomáticas con el régimen franquista en 1973, no realizó gestión alguna, ni retiró su embajador ante la España franquista, a pesar de que tres de los antifascistas asesinados eran militantes de nuestro partido, que entonces mantenía relaciones de hermandad con el PCCh.
Como vemos, desde hace muchos años la política exterior de China ha tenido como eje el pragmatismo más obtuso e insolidario. Hoy, China es una potencia económica que en el ámbito internacional practica una política comercial y financiera muy agresiva, extiende su influencia por todo el mundo y, a partir de su ingreso en la OMC (en diciembre de 2001), participa plenamente de las posiciones ideológicas más neoliberales; desde luego no ha cambiado, sino acentuado, el pragmatismo interesado de su orientación, que no tiene nada que ver con el internacionalismo y la solidaridad entre los pueblos.
La República Popular China es el país más poblado del planeta: 1.300 millones de habitantes y una población activa superior a los 800 millones. El crecimiento de su economía es meteórico. Los datos hablan por sí solos: en 1989, ocupaba el puesto undécimo en la producción mundial, en 2009 era la tercera potencia del mundo, ahora es la segunda y el primer exportador mundial, con una cuota del 10,4% en 2009, frente al 8,4% de EEUU (11). En 2010 realizó el 20% del consumo de energía primaria del mundo (el 48% del carbón y el 10,4% del petróleo), más que EEUU; en 2005, China consumía entre el 20% y el 30% de hierro, zinc, estaño, plomo, aluminio y cobre (entre cinco y seis veces más que su peso en la economía mundial). Y estas cifras crecen año a año (Pablo Bustelo, «¿El banquero del mundo? Sobre el peso financiero internacional de China»).
Con una tasa de ahorro del 51% del PIB, la capacidad de acumulación de su economía es gigantesca. Durante años, China ha venido invirtiendo parte de su excedente de capital en el extranjero, lo que le ha permitido acumular 3,2 billones de dólares en divisas en 2011, de las cuales se estima que aproximadamente 1,1 billones están colocadas en título de deuda del Tesoro de EEUU y cerca de 600.00 millones de dólares en deuda soberana europea. Su inversión directa en el extranjero alcanzó los 70.000 millones de dólares en 2010, siendo el segundo país acreedor del mundo, por detrás de Japón.
La crisis actual ha golpeado duramente sus inversiones en instituciones financieras de EEUU, como Morgan Stanley o Blackstone Group, por lo que el Gobierno chino, además de mantener sus inversiones en deuda soberana de EEUU y Europa (así evita una mayor depreciación de sus activos financieros), decidió modificar su estrategia, reforzando el consumo interno y derivando una parte creciente de su capital a la compra de empresas, los préstamos y las inversiones directas en países “subdesarrollados”, asegurándose con ello el suministro de las materias primas que necesita, al tiempo que incrementa su influencia en ellos.
Aun así, insistimos, China sigue invirtiendo ingentes cantidades de dinero en las potencias imperialistas, con preferencia en EEUU, aunque reorientándolas a la adquisición de empresas, para mejorar su posición en la batalla comercial que mantiene con ellas y su acceso a la tecnología.
En palabras de Chen Deming, Ministro de Comercio, «China desea invertir su importante excedente comercial y no poseer miles de millones de dólares que se deprecien […] ciertos países europeos están confrontados a la crisis de la deuda y esperan poder transformar sus activos en liquidez, por lo que vamos a alentar a más empresas chinas a adquirir compañías europeas». Para ello, el Gobierno de Beijing ha animado a algunas compañías a que incrementen sus inversiones en el exterior enviando delegaciones comerciales y de inversión a EEUU, Europa y otras regiones en busca de “oportunidades”: empresas chinas han adquirido la británica MG y las suecas Volvo y Saab (esta última pendiente, entre otras cuestiones, de un acuerdo con sus actuales propietarios para garantizar que el control de la tecnología siga en manos de la marca sueca).
El mismo Chen Deming manifestaba a los representantes de la Cámara de Comercio de EEUU en China su confianza en seguir «concretando su ayuda en el campo de las infraestructuras». Y añadía: «China está dispuesta a convertir parte de la deuda que ustedes tienen con nosotros en inversiones en Estados Unidos, con la expectativa de crear empleos para EEUU».
Desde su entrada en la OMC, en 2001, China ha firmado un número considerable de tratados regionales y bilaterales de libre comercio, que facilitan la entrada de sus productos y la adquisición de materias primas. Además, sobre todo en los últimos años, ha profundizado su política de penetración en África y Latinoamérica mediante préstamos a cambio de materias primas, construcción de infraestructuras por las empresas chinas y apoyo técnico, lo que le ha permitido avanzar posiciones en el tablero internacional, en unos momentos de profunda crisis en los países imperialistas hoy dominantes.
Por ejemplo: el tratado de libre comercio suscrito con Perú ha hecho que sus intercambios con este país alcancen, en 2011, los 10.000 millones de dólares anuales y las inversiones de empresas chinas superen los 1.200 millones. Con Chile, el tratado de libre comercio disparó los intercambios hasta los 25.000 millones de dólares en 2010, de modo que China es hoy el principal socio económico y comercial de ese país.
Lo mismo ocurre en Colombia, donde su reaccionario presidente, Juan Manuel Santos, declaraba recientemente a la prensa: «No quiero generar expectativas exageradas, pero tiene sentido. Asia es el nuevo motor de la economía mundial». En Colombia, por ejemplo, el Banco de Desarrollo de China, entre otros proyectos, financia con 7.600 millones de dólares un corredor ferroviario que unirá la costa atlántica y la pacífica, compitiendo con el canal de Panamá y que será gestionado por el Grupo Ferroviario de China.
Con Venezuela, acaba de suscribir un nuevo acuerdo de suministro de petróleo a cambio de un crédito de 1.000 millones de dólares. Este préstamo es el último de los concedidos por China a ese país, por un valor global de 32.000 millones de euros. Lo mismo sucede en el Ecuador, donde su presidente Correa no pudo ser más explicito: «China está haciendo lo correcto […] en lugar de financiar a los Estados Unidos con papeles de bajo rendimiento, nos ayudan a desarrollarnos a cambio de inversión productiva» (entre otros proyectos, los gobiernos de Ecuador y China han acordado la constitución de una empresa mixta para la explotación petrolera en la Amazonía ecuatoriana, proyecto éste que ha levantado numerosas protestas sociales).
¿Qué busca China con estos acuerdos? ¿Amistad, cooperación, solidaridad? Nos tememos que algo mucho más concreto y tangible: materias primas, mejorar sus posiciones estratégicas en la pelea por las áreas de influencia ya en marcha entre las potencias, oportunidades de inversión para sus empresas y “emprendedores”, etc.
Algo parecido sucede en África.
África tiene el 30 por ciento de reservas minerales mundiales: el 97 por ciento de reservas de cromo, el 80 de coltán, el 50 de cobalto, el 57,5 de oro, el 20 de hierro y de cobre, el 23 de uranio y de fosfatos, el 32,2 de manganeso, el 41 de vanadio, el 49 de platino, el 66 de diamantes, el 17,5 de bauxita y de zinc y el 14 por ciento de petróleo, etc.
En un artículo titulado «¿Qué quiere China en África?», el profesor Martín Checa Artasu señalaba en 2008:
«Aunque el comercio exterior desde África representa sólo entre el 2,5% y 3% del comercio exterior de China y en el año 2005, las inversiones chinas en África constituían únicamente el 10% del total de las realizadas en todo el mundo, la inversión china en África ha pasado de los 10 millones de dólares en el año 2000 a los 1.180 millones de dólares en 2005 y el volumen del comercio bilateral en 2005 era cinco veces y media superior al de 2001 y dieciocho veces superior al de 1995 (55.500 millones de dólares), de modo que en 2004 la República Popular de China se convertía en el tercer socio comercial de África, por detrás de EEUU y Francia [...]. A tenor de los datos, queda claro que la búsqueda de materias primas básicas para el mantenimiento del crecimiento chino, especialmente petróleo y el desarrollo de un mercado, el africano, donde colocar productos chinos, son los grandes motivos de la presencia de la República Popular de China en África».
El autor terminaba llamando la atención sobre el hecho de que, aunque «los datos y los ejemplos nos hablan de una sinergia entre dos mercados derivados de una economía en auge y de unas economías en construcción [...] al parecer halagüeña para ambos lados, no se debe obviar que la agresividad comercial china usa un guante de seda en unas relaciones diplomáticas más o menos consensuadas, da ayuda al desarrollo para enmascarar una voracidad en materias primas y la necesidad de colocación de productos chinos que permiten prolongar su crecimiento económico y determinar su posicionamiento en la geopolítica mundial».
A la vista de los datos, no cabe hablar de una supuesta inferioridad de la economía china en el mundo. China ha pasado a ser un agente de primera importancia en el contexto internacional, una potencia económica que interviene activamente en el reparto de áreas de influencia, en competencia abierta con EEUU.
Claro que nuestros “cándidos” revisionistas verán en esta política la avanzada de la hermandad universal, de la solidaridad internacional, cuando no la constatación de la superioridad del «socialismo de mercado» sobre el capitalismo, que según ellos es la principal aportación que China puede hacer al desarrollo de la revolución mundial.
Nosotros vemos otra cosa. Para nosotros queda cada vez más claro que, conforme se refuerza la economía china, lo hacen también (y en mayor proporción) sus elementos capitalistas; que se están afianzando una burguesía y una oligarquía burocrática, cuyos intereses están cada vez más entrelazados; y en definitiva que, lejos de avanzarse hacia el socialismo, en China se está desarrollando el proceso que señalábamos en nuestra línea política, en términos cada vez más escorados hacia el capitalismo y lo hace, además, siendo un firme baluarte de las posiciones más neoliberales en términos económicos y sociales; que los elementos socialistas que aún subsisten en el Estado y la economía chinos controlan cada vez menos el desarrollo de este proceso imparable hacia el capitalismo.
Y no es que falten declaraciones de algunos de sus máximos dirigentes (convendría que nuestros “cándidos” revisionistas prestaran más atención a ellos) que apuntan en esta dirección: Jin Liqun, presidente del fondo soberano chino CIC, que gestiona más de 300.000 millones de dólares, por ejemplo, exigió reformas a cambio de continuar el apoyo de China a la zona euro, declarando en una reciente entrevista: «Los desarreglos que se han registrado en los países europeos son fruto únicamente de problemas acumulados por una sociedad al final de carrera, que vive de derechos sociales […]. Creo que las leyes laborales y sociales son obsoletas. Conducen a la pereza, la indolencia, más que a trabajar duro. El sistema de incentivos está completamente trastornado […] toda una serie de reformas se deben llevar a cabo sin dilación. Tener 17 miembros y 17 Gobiernos no es excusa para cruzarse de brazos.»
Wen Jiabao, primer ministro chino, reforzaba esa posición ultraliberal: «China apoya las contramedidas emprendidas por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI para enfrentar la crisis de deuda soberana». Hermosos cantos a la solidaridad y al internacionalismo proletario.
Todo ello hace que China posiblemente termine constituyéndose como potencia dominante de uno de los polos que se vienen configurando en la pelea interimperialista por el reparto del mundo. Que determinados países que desarrollan procesos de consolidación de una burguesía nacional fuera de la influencia de la potencia dominante hoy, pugnen ahora por agruparse en polos regionales, apoyándose en el ingente capital chino, no hace, a nuestro juicio, sino reforzar la tendencia hacia la confrontación en torno a bloques comandados por una potencia; algo que, como la historia ha demostrado, es parte del desarrollo lógico de la pelea entre los imperialistas por el reparto del mundo.
Es decir, no sólo China se ha convertido en una potencia económica que, como decimos, defiende sus inversiones y las de su pujante burguesía frente a las otras, aplicando criterios abiertamente reaccionarios en los países “en desarrollo”, sino que en esos países se viene produciendo un peligroso giro en su apuesta antiimperialista que les lleva a buscar su desarrollo a la sombra de la potencia emergente, a costa de renunciar a su propia soberanía.
Se ha dicho, y es cierto hasta el momento, que China, aunque practique una política comercial y financiera cada vez más agresiva, penetra en la economía de los países a los que “apoya” sin utilizar el poder militar; que no está interesada en practicar la agresividad militarista propia del imperialismo yanqui o europeo. Se ha llegado a afirmar que esta es una actitud propia del pueblo chino, de su cultura milenaria, etc.
Por supuesto que los seres humanos y los pueblos (el chino y todos) no tienen una tendencia genética o cultural que les impulse a la violencia; pero la violencia y la guerra sí son consustanciales al capitalismo, un sistema clasista basado en la explotación del hombre por el hombre, en el que la ley del máximo beneficio termina colocando el interés individual por encima del colectivo y anulando la humanidad en las relaciones entre los hombres.
Es perfectamente lógico, en una potencia que avanza poco a poco sus peones en el tablero internacional, frente a Estados imperialistas muy agresivos y acostumbrados a imponer su voluntad utilizando todo tipo de instrumentos políticos, económicos, pero también militares, que su política sea más “blanda”, sus préstamos “menos gravosos”, sus formas más “suaves”.
Pero ello no quiere decir que China no se prepare activamente, también desde el punto de vista militar, para la pelea interimperialista. Un dato: China es el segundo país en gasto militar del mundo, tras EEUU. En 2010, según estimaciones del Instituto Internacional de Estocolmo de Investigaciones por la Paz, EEUU gastó 661.000 millones de dólares (el 41,3% del gasto militar mundial) y China 100.000 (el 6,6% del total). Esas cifras, solo dos años antes, eran respectivamente de 602 y 85 millones, lo que indica que el rearme de las dos grandes potencias económicas del momento está en marcha.
Terminamos estos apuntes sobre la evolución de China insistiendo de nuevo en que, con estas líneas, no hemos pretendido realizar un análisis exhaustivo de la evolución de la República Popular China, sino aportar algunos datos que ilustran sobre una tendencia en su política, orientada claramente hacia la consolidación plena del capitalismo y que apunta hacia su nuevo papel como potencia hegemónica en la pelea internacional por las áreas de influencia que se está librando, de manera cada vez menos disimulada, entre las grandes potencias.
Quien vea en esta política un carácter esencialmente socialista, falsifica la realidad y contribuye a desarmar ideológicamente el campo de los comunistas, engañando consciente o inconscientemente al proletariado. Porque, en efecto, la verdad es siempre concreta y los datos nos indican que, como se señala en la introducción de la Línea Política aprobada en nuestro Segundo Congreso de la nueva etapa, aunque la caracterización que de China se hace es la mayoría de las veces harto ambigua, «la implantación del capitalismo allí es innegable».

Notas
(1) «Si exigimos a nuestros gobiernos […] que otorguen a las colonias plena libertad de separación, derecho real a la autodeterminación; si nosotros mismos pondremos en práctica, sin falta, este derecho y otorgaremos esta libertad en cuanto conquistemos el poder […] no es en absoluto para “recomendar” la separación, sino al contrario, para facilitar y acelerar el acercamiento y la fusión democrática de las naciones […] No somos partidarios de la separación; pero, en la actualidad, sin la libertad de separación no se puede pasar de la fusión por medio de la violencia, de las anexiones, a la fusión voluntaria.» (V.I. Lenin, Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”).
(2) «Sabemos cómo acabó la Unión Soviética que los revisionistas dirigieron desde 1953, pero no existe ninguna prueba de que ese resultado fuera inevitable, ni que fuera el deseado por sus líderes revisionistas, ni siquiera el previsto por Enver Hoxha o Mao Zedong». Este es el tipo de argumentos de fondo que utilizan como apoyo a sus tesis gente que tiene el atrevimiento de recordarnos que Lenin dijera “la verdad es siempre concreta, nunca abstracta”.
(3) «El socialismo es imposible sin la democracia en dos sentidos: 1) el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella a través de la lucha por la democracia; 2) el socialismo triunfante no puede afianzar su victoria y llevar a la humanidad a la desaparición del Estado sin realizar la democracia completa» (V.I. Lenin, Ibídem).
(4) Respecto a algunas cuestiones que permiten definir un proceso como socialista, remitimos al trabajo del camarada Santiago Baranga «Del socialismo del siglo XIX al premarxismo del siglo XIX», publicado en el número 3 de nuestra revista teórica, Teoría y Práctica (marzo de 2009).
(5) Uno de los aforismos confucianos de Deng Xiaoping, «No importa de qué color es el gato, sino que cace ratones», podría ser el lema del pragmatismo reaccionario.
(6) Así definía la evolución una representante de los nuevos “emprendedores” chinos: Vicky Hu, presidenta de HD Biosciences Co. y directora ejecutiva de China Capital Investment Group Co. Ltd (CCIG), en unas jornadas organizadas por Caixa Manresa en 2005: «El mercado, esa mano invisible, se ha convertido en la forma básica de asignación de recursos, mientras las empresas por su parte adoptaban un papel clave en las actividades económicas. En el pasado, antes de la reforma económica china, solo el gobierno tenía un papel importante en las actividades. Ahora lo tienen las empresas. Desde la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio, el papel del gobierno central chino, empujado por fuerzas económicas espontáneas y la decisión consciente de los reformadores, reemplazó la implicación directa del gobierno central con la mano de obra indirecta en el mercado y la toma de decisiones a nivel local».
(7) «Las empresas privadas […] Se han convertido en uno de los pilares de la economía. Entre ellas hay empresas de las que quizás no hayan oído hablar, nuevas estrellas, las que llamamos estrellas chinas, que han aprovechado la oportunidad del despegue de la industria de las nuevas tecnologías. Algunas cotizaban en el Nasdaq hace algunos años, entre ellas había una empresa de juegos de azar online. Ganan mucho dinero» (de la ya citada emprendedora, Vicky Hu).
(8) «Hasta 2005, las empresas siderúrgicas de producción anual mayor a un millón de toneladas se incrementaron de 40 a 90 en cinco años. Entre las recién constituidas están principalmente las empresas privadas, de propiedad no estatal» (declaraciones del presidente del Grupo Siderúrgico Estatal de Baoshan, Shangai, en China Today).
(9) Hoy día, dos tercios de las ciudades chinas adolecen de un suministro de agua dulce inadecuado, y en 110 de ellas la situación es de una gravedad crítica (E. Rodríguez Asien, «China y la propiedad privada»).
(10) Sin embargo, a la vista de los datos, parece que la frase atribuida a Deng Xiaoping, «Enriquecerse es glorioso», se cumple a rajatabla: «Según el grupo Boston Consulting, a finales de 2009 había en China 670.000 familias con una riqueza superior a un millón de dólares, un 60% más que un año antes» (El País, 27/2/2011). Esta cifra solo es superada por EEUU y Japón.
(11) En 1989 participaba con el 2%, en PIB a precio corriente, frente al 27% de EEUU; en 2009 su participación era del 9% (frente al 24% de EEUU). En términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), la evolución ha sido aún más espectacular, pasando del 6% al 13% (frente a EEUU, que ha bajado del 21% al 20%). Datos del Banco Mundial, tomados de L.D. Bolinaga, «Aspectos económicos, militares y políticos del ascenso internacional de China a principios del siglo XXI».

Decenas de miles de manifestantestantes contra los recortes en Madrid

febrero 14, 2012 por  
Publicado en: Noticias

Centenares de miles de manifestantes hemos ocupado el recorrido de la manifestación contra las medidas decretadas  por la Comunidad de Madrid que atacan de nuevo a los trabajadores públicos.

A las 18,30 horas estaba convocada la manifestación unitaria por los distintos sindicatos , el Paseo del Prado era un hervidero de camisetas verdes, trabajadores de sanidad, bomberos, trabajadores del metro…..pancartas de diferentes centros de trabajo y estudio, de colectivos de barrios en defensa de los servicios públicos, banderas de CCOO, UGT, de sindicatos sectoriales…

Banderas republicanas han proliferado por la manifestación y no eran sólo las decenas de ellas que portaban REPUBLICANOS.

Los camaradas del PCE(m-l) hemos participado en los distintos núcleos de nuestros respectivos centros de trabajo y se han distribuido numerosos ejemplares de nuestro periódico.

La manifestación se ha caracterizado por combinar el sentimiento de indignación por los ataques que los Servicios Públicos y sus trabajadores estamos sufriendo y a la vez de satisfacción por encontrar la fuerza de sentirnos juntos, del despertar de miles de compañeros que por primera vez se incorporan a la lucha.

Los ánimos están dispuestos, lo hemos visto ésta tarde. Las direcciones de los sindicatos, las organizaciones políticas, sociales tiene el deber y la responsabilidad de encabezar y promover la respuesta fuerte y unida que la situación requiere.

RESOLUCIÓN DEL PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (MARXISTA-LENINISTA)

febrero 2, 2012 por  
Publicado en: Comunicados

Los días 28 y 29 de enero de 2012 se ha reunido el Pleno del Comité Central del PCE (m-l) para analizar y examinar, entre otras cuestiones: 1) Movimiento obrero y sindical; 2) Movimiento popular; y 3) la situación nacional e internacional.

El CC ha aprobado por unanimidad el Informe presentado por el Secretariado, que hace un análisis de la situación en España e internacional y traza las principales tareas del Partido para los próximos meses.

El CC considera que, en los próximos meses, el gobierno del Partido Popular intensificará su política antisocial, incrementando los recortes presupuestarios en los servicios públicos esenciales, como sanidad y educación, y haciendo recaer aún con más fuerza todo el peso de la crisis sobre los trabajadores. El deterioro gravísimo del nivel de vida que está provocando esta política económica al servicio del gran capital, así como el aumento del paro, que puede llegar a final de año a los 6 millones de desempleados, ocasionará una agudización de la lucha de clases.

En los conflictos sociales que se avecinan, el Partido intervendrá activamente para darles una correcta orientación y elevar el nivel de conciencia política de las masas. En este sentido, es imprescindible denunciar las continuas claudicaciones de las direcciones sindicales, que pactan con la patronal acuerdos extremadamente lesivos para los trabajadores, pero también es necesario combatir las actitudes antisindicales que se esconden tras un ropaje ultraizquierdista. Los sindicatos son un instrumento de lucha imprescindible para el conjunto de la clase obrera. Lo fundamental es trabajar en el seno de los sindicatos para cambiar la correlación de fuerzas a favor de las posiciones más combativas y reforzar el Sector Crítico de Comisiones Obreras.

Ante la actual situación política, caracterizada por una crisis económica estructural, la corrupción generalizada, las sentencias judiciales escandalosas, como la absolución de Camps, la limitación de las libertades civiles y la represión contra los sectores populares, el PCE (m-l) defiende una política de unidad popular que conduzca a la ruptura con los pactos de la Transición, la superación del actual marco político monárquico y la proclamación de la República Democrática y Federal. Para lograr estos objetivos, apoyamos el fortalecimiento y extensión de la FEDERACION “REPUBLICANOS” como el instrumento para conseguir la formación de ese bloque popular que permita una verdadera ruptura democrática.

A medida que las luchas sociales se generalizan y la reivindicación de la República se extiende, el revisionismo intensifica sus maniobras para mantener el tinglado monárquico, o difunde consignas radical-oportunistas, ajenas por completo a las condiciones políticas objetivas, como la “república socialista”.

Tanto unas como otras son actitudes que dividen a las masas y siembran la confusión, por lo que el PCE (m-l) las denunciará y combatirá con firmeza, claridad de principios y flexibilidad en la táctica, para que las masas hagan suya la reivindicación de la República Democrática y Federal como salida a la crisis.

El CC, como se ha dicho, ha examinado la situación internacional, señalando la constitución de regiones económicas, la intensificación de las contradicciones interimperialistas, el incremento de los ataques del imperialismo contra el proletariado y los pueblos, la profundización de la deriva capitalista en la República Popular China y el rápido desarrollo de la pelea por las áreas de influencia entre las potencias, como factores a destacar en la evolución internacional. El CC muestra su apoyo y su completa solidaridad con la lucha que los partidos hermanos llevan en sus respectivos países en pos de la democracia y el socialismo, saludando los avances de los partidos hermanos de Turquía y Túnez, que han logrado recientes éxitos electorales.

Finalmente, el CC ha manifestado su plena disposición en todos los ámbitos para que el próximo Congreso de JCE (m-l) sea un éxito.

Madrid, 29 de enero de 2012

Alojado en Wesped.