Los Sucesos de Milan y las Consecuencias Políticas
diciembre 21, 2009 por PCE (m-l)
Publicado en: Artículos, Internacional
Un pequeño burgués con serios problemas psíquicos agredió el pasado domingo (13 de enero), a Berlusconi en Milán, lanzándole a la cara un objeto a la salida de un borrascoso mitin en la Plaza del Duomo
No bastaron para protegerle los numerosos militares de su escolta privada ni los policías de la secreta, que se añaden cuando se desplaza en público.
Desde su ingreso en el hospital, se ha desencadenado la jauría de los periódicos reaccionarios y de los medios gubernamentales, denunciando «el clima de odio y de violencia » existente en Italia contra el Primer Ministro, acusando indiscriminadamente a todos y todo: reformistas, anarquistas, socialdemócratas y comunistas.
Ignoramos si la agresión física contra Berlusconi ha sido un acto aislado de un desequilibrado, o si detrás hay oscuras maniobras. Lo que vemos son sus efectos y a quien benefician, porque no es la primera vez que se aprovecha el gesto de un psicópata para obtener ventajas políticas y propagandísticas de casos así. (Véase la nota histórica, al final).
Lo primero que observamos es que el hecho se ha producido en un momento de crisis política del gobierno, en la que el «mito político» Berlusconi estaba en evidente decadencia en la opinión pública. El día anterior al suceso las agencias periodísticas habían difundido la noticia de que el ministro estaba por debajo del 50% en la opinión pública. El día después, en su papel de víctima, había subido: tantos puntos de sutura otros tantos de consenso.
En cuanto a los efectos políticos que ha tenido la agresión, no nos engañemos: se quiere aprovechar dicha agresión para poner firme a la mayoría de la derecha que se cuarteaba, dejar fuera de juego a la oposición social que se ha manifestado recientemente. La cuestión es que en los últimos meses más allá de los partidos del Parlamento y de la fantasmagórica izquierda extra parlamentaria socialdemócrática pese a su debilidad política, se ha desarrollado, y puesto en marcha con nuevos medíos de comunicación, un amplio movimiento de rechazo al ministro que plantea el problema de echar del poder a Berlusconi, a Maroni (Ministro del Interior) y a sus lacayos.
« ¡Censura!» ha sido la respuesta del gobierno reaccionario y de la clase dominante, la cual, no pudiendo contar ya con el papel tranquilizador de los partidos de deriva «refundacional» recurre al antiguo método de la represión mediante la censura.
De hecho, después de los sucesos de Milán los ministros de Interior y de Justicia, han hecho declaraciones proponiendo cerrar las págs. Web que ataquen al jefe del gobierno. La ministra de Educación, Gelmini, ha pedido una ley para prohibir las protestas durante las manifestaciones públicas, que se añade a las prohibiciones ya existentes en algunas ciudades.
Se ha puesto en marcha un mecanismo represivo para aplicar nuevas medidas para frenar el movimiento de masas y promover ulteriormente una ofensiva económica, política y social contra la clase obrera y otros trabajadores. Hay que señalar que muchos «demócratas» en nuestro país, frente a esta acelerada transformación reaccionaria del Estado y de la sociedad, se preocupan por manifestar (en distinto grado) su solidaridad con Berlusconi, o guardan un significativo y embarazoso silencio.
De este caso es necesario sacar conclusiones precisas.
El método de la agresión individual no es un método eficaz para propinar serios golpes al adversario.
Para nosotros, comunistas marxista-leninistas, es el movimiento revolucionario de masas el que debe derribar con su lucha al gobierno reaccionario y antipopular de Berlusconi. Con ese objetivo es necesario luchar, no individualmente, sin orden, sino de manera organizada: creando y desarrollando, en las fábricas, en todas partes,, asambleas, consejos obreros y comités de lucha realmente representantes de los intereses fundamentales de los proletarios, y capaces de unirse en un frente único proletario que, con una estrategia y táctica adecuada, actúe con la perspectiva revolucionaria de un gobierno obrero.
Mas la estrategia y táctica adecuada a este fin, no pueden ser elaboradas mas que por un partido comunista que se base en el marxismo-leninismo. Reconstruir tal partido es hoy la tarea más urgente.





